Se que me salgo un poco de la línea que me he propuesto en el blog, pero como dice el título…
Se que me salgo un poco de la línea que me he propuesto en el blog, pero como dice el título…
La motivación inicial para estudiar el HPV, se origina en su relación directa entre la presencia del virus y una patología indolente que afortunadamente gracias a las campañas de cribado, es cada vez es menos frecuente, el cáncer de cuello uterino.
Siempre se pensó que el cáncer de cuello del útero se comportaba epidemiológicamente como si en su origen estuviera comprometido un agente que se transmitiese sexualmente, las investigaciones eventualmente llevaron a establecer que el Virus del Papiloma Humano era la condición necesaria para que se produjeran la mayoría de los cánceres epiteliales del cuello de la matriz.
Se trata de una condición necesaria pero no suficiente, quiere decir que tiene que estar presente para que se desarrolle la enfermedad, pero la mayoría de las personas que sufren la infección jamás desarrollarán un cáncer. Son necesarios otros factores para que se produzcan los cambios celulares que llevan al desarrollo del cáncer
Además, ahora sabemos que el virus puede afectar otros epitelios, tanto en hombres como en mujeres.
Se trata de un virus que tiene afinidad por la piel y las mucosas, más o menos el 75 % de las cepas, causan las verrugas vulgares de la piel, sin relación con patología oncológica.
Alrededor del 25 % de las cepas del virus pueden afectar las mucosas, estos son los epitelios húmedos que recubren las cavidades naturales o los órganos que están en contacto con el exterior, como las vías respiratorias y las partes inicial y final del tubo digestivo.
Ya vimos en el post anterior que se trata de una cuestión de afinidad por receptores celulares, algunas de las cepas que tienen afinidad por las mucosas, se han relacionado con la posibilidad de desarrollar un cáncer.
La causa de la afectación del cuello del útero por ciertas cepas del virus está en relación con un proceso normal que suele ocurrir en el cuello de la matriz: la metaplasia, el cambio de un epitelio por otro, en el cuello del útero existen dos epitelios, uno glandular delicado, que responde a los estímulos hormonales y otro más firme poliestratificado, que es el que recubre la vagina y gran parte del cuello uterino.
La exteriorización de éste epitelio glandular, por fuera del canal cervical hacia la superficie externa del cuello se relaciona con los ciclos hormonales, algunos anticonceptivos hormonales utilizados por tiempo prolongado (los que tienen una hormona llamada estrógeno), producen un estímulo para que ése epitelio delicado se exteriorice, predisponiendo a mayor superficie de metaplasia.
La exposición de ése epitelio glandular al medio de la vagina, produce una respuesta que busca protegerlo de lesiones, que es cambiarlo por el epitelio más fuerte, ahora bien este epitelio de transición (Metaplásico), tiene células basales que se dividen rápidamente e intensamente.
Esa división celular acentuada, hace que si se cumplen las condiciones necesarias (Infección por ciertas cepas del virus), junto con otros factores (genéticos, de las defensas, ambientales, tabaco), puede condicionar que algunas de ellas, pierdan su capacidad de control de la división celular, que si no es erradicada por el sistema inmunológico, puede hacer que se desarrolle un proceso que inicia allí mismo en el epitelio y se denomina displasia o neoplasia intraepitelial.
Proceso que se caracteriza por un crecimiento celular desordenado, pero sin ir más allá del epitelio totalmente localizado y limitado del resto del cuerpo por una capa firme que se denomina membrana basal.
Cuando estás células displásicas, adquieren la capacidad de invasión y logran ganarle la lucha al sistema inmunológico, rompen la membrana basal y es cuando se considera que aparece el cáncer. Este proceso sabemos que suele tardar de lustros a décadas.
El efecto de algunos anticonceptivos hormonales sobre el epitelio glandular, es lo que ha hecho que se asocien con las displasias y eventualmente con el cáncer de cuello uterino. No quiere decir que se hayan de retirar los anticonceptivos hormonales del mercado, en presencia de revisiones periódicas, normales tal vez no sea necesario que las usuarias de éstos métodos para evitar el embarazo, se deban preocupar por este asunto. Sin embargo se recomienda que las que tienen alguna displasia diagnosticada, utilicen algún otro método anticonceptivo, puesto que algunos anticonceptivos hormonales, podrían retrasar la erradicación del problema del cuello uterino.
Igualmente pasa con el hábito de fumar, pero por un motivo diferente, que tiene que ver con la exposición de las células de rápida división a los más de 90 carcinógenos potenciales que se producen en el humo del tabaco y que pasan a la sangre y son transportados directamente allí donde mejor puedan ejercer ése efecto.
En otro orden de ideas se ha visto que el uso de preservativo durante la fase activa de la enfermedad por HPV, disminuye el tiempo necesario para la erradicación del virus, tal vez evitando la reinfección que producen los microtraumas sobre un tejido afectado.
El epitelio metaplásico sólo está presente en el cuello uterino en la mujer y en la mucosa anal de las mujeres y de los hombres. Además el fenómeno se puede presentar en cualquier epitelio glandular expuesto a condiciones adversas, como ocurre en los pulmones de los fumadores.
La displasia tiene varios grados y suelen ser progresivos, grado I cuando afecta el tercio inferior del epitelio solamente, grado II cuando afecta dos tercios del epitelio, grado III cuando afecta todo el grosor del epitelio.
Nótese que estas lesiones no significan que se trate de un cáncer, son lesiones que si no se tratan en un período de lustros a décadas, en una minoría de los casos, pueden llegar a desarrollarlo. El problema está es que de momento no hay manera de saber quienes de los que tienen una displasia, desarrollarán un cáncer; así que a todos los que tienen displasia, han de ser tratados como si fuesen a desarrollar un mal mayor y de ésa manera evitamos el cáncer. O al menos éste es el razonamiento que se hace servir para la patología que se presenta en el cuello del útero.
La ausencia de éste epitelio metaplásico en el órgano genital masculino, es lo que hace que la frecuencia de cáncer de pene sea muchísimo menos frecuente. Sin embargo se ha visto un aumento en la frecuencia de cáncer de ano y recto en parejas que tienen relaciones con ano receptor.
La detección de las personas que tienen una displasia (que son la minoría de los infectados por el virus), es lo que guía las estrategias de cribado para evitar el cáncer. Cada caso diagnosticado de cáncer de cuello uterino, implica un fallo de los programas de evaluación del mismo, puesto que se cuenta con una ventana de intervención y con las herramientas para evitarlo, suficientemente extendidas, al menos en los países desarrollados.
A groso modo ésta ha sido la estrategia de prevención del cáncer de cuello uterino, estrategia que se ha ido ampliando a otros aspectos de la infección por HPV. Y en personas de riesgo de cáncer ano rectal. Y que constituye uno de los principales éxitos de la epidemiología del siglo pasado.
Ya existen en uso otras estrategias de prevención como las vacunas contra el HPV, que ya hemos tocado en otros posts y que a raíz de la nueva vacuna nonavalente, tocaremos nuevamente en una próxima entrega.
Están tomando relieve otras infecciones del virus que tienen potencial oncogénico, como es su relación con el cáncer de boca y faringe y con el cáncer de ano y recto y la infección por el virus de las vías respiratorias que amplia el espectro de posible afectación del virus. Y que abren un interesante campo en la relación beneficio costo del uso de las vacunas y en la disminución de la morbilidad que causa este vecino, que seguramente tiene conviviendo con nosotros desde el principio de los tiempos y donde la aparición de la enfermedad tal vez sea una pérdida de un equilibrio frágil tal vez genético, entre algunos individuos y algunas cepas del virus en particular.
La presente entrada sólo trata de explicar de manera sencilla el desarrollo de patología cancerosa, en una minoría de todos los que se infectan por el virus, la infección por el virus es muy frecuente en nuestra especie, y afortunadamente sólo una minoría de los infectados desarrollará una enfermedad potencialmente grave.
Se ha de tener claro de que con un control y seguimiento adecuado, es muy improbable que cualquier persona desarrolle un problema mayor. Recuerde siempre que ante cualquier duda, lo mejor es consultar a su proveedor de salud de confianza.
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Dado el interés constante que despierta esta infección y dada la gran cantidad de información disponible, a veces difícil de interpretar, intentaré analizarla en varias entradas sucesivas, siempre con ánimo constructivo y sin pretender sustituir el consejo que pueda suministrar un proveedor de salud de su confianza.
Se puede decir que el virus del papiloma humano (HPV), se suele comportar como un huésped silencioso. Durante la evolución, ha aprendido a vivir con nosotros, y su presencia en casi todos los sitios donde se ha buscado (ubicuidad), establece un grado de convivencia importante.
El virus tiene cierta estabilidad a la temperatura ambiental y puede resistir la desecación, lo que podría explicar algunas infecciones en que no se puede documentar contacto directo.
Se trata de un virus de DNA de unos 55 nanómetros, existen alrededor de 150 tipos, clasificados en base a los tipos de antígenos que producen, se van enumerando en el orden en que van siendo descubiertos y se ha podido establecer cierta correlación entre el tipo de lesiones que puede producir y el tipo serológico del virus, así mismo los anticuerpos que desarrollan éstos antígenos tienden a tener reacción cruzada entre diferentes serotipos.
Quiere decir que las defensas que se producen contra un tipo de virus, sirven también para otros tipos diferentes. Se piensa que traumatismos microscópicos producen el acceso del virus desde un individuo afectado a un individuo sano, la cápside viral, que es como la cubierta que protege el DNA del virus, se une a un receptor de las células principales del epitelio, que se denominan basales, la afinidad del virus por este receptor, es lo que establece su preferencia por un tipo de epitelio u otro.
Las células basales de los epitelios son las que se dividen y lo van renovando, el virus se une al DNA de la célula basal replicándose cada vez que la célula se divide, produciendo células infectadas, que luego siguen su proceso de diferenciación usual dentro del epitelio.
Dependiendo de las defensas, del tipo de virus y de características genéticas individuales, el virus puede desaparecer, permanecer latente en convivencia pacífica, como ocurre en más del 90 % de las veces, o puede causar cambios en las células. Estos cambios pueden afectar la apariencia del epitelio o pueden generar alteraciones en los controles de la división celular, lo que eventualmente podría causar lesiones que si no se tratan, pueden producir enfermedad cancerosa, en una minoría de las personas infectadas y en un período de lustros o décadas.
La aparición de las lesiones puede seguir a años de la infección inicial, en casi todos los individuos, generalmente adolescentes y adultos jóvenes, la infección suele ser transitoria y resolverse espontáneamente.
La infección deja una respuesta inmunológica y en general existe una declinación de la incidencia de infecciones con la edad, siendo poco frecuente a partir de los 30 años. El tipo de virus y la incapacidad para erradicar la infección, constituyen junto con la edad, los indicadores de riesgo para desarrollar un problema mayor.
Aparte de los factores enunciados, existen factores ambientales que determinan la persistencia de la infección viral, como el hábito tabáquico y se ha relacionado además el uso de anticoncepción hormonal, así como la presencia de otras infecciones; entre otros cofactores, que pueden ocasionar que la infección no sea eliminada.
Así mismo se ha podido comprobar que el período de expresión de la enfermedad se acorta si se utiliza el preservativo durante las mismas, al parecer evitando el efecto de microtraumatismos que podrían producir reinfecciones sucesivas.
Así mismo estudios epidemiológicos demuestran que la presencia de un virus no excluye a otros tipos si no al contrario, hasta en un 40 % de las veces existe la posibilidad de infección por varios serotipos de manera simultánea.
El hecho de que persista la enfermedad en algunos individuos (afortunadamente la minoría) es lo que establece el riesgo de que se desarrolle un problema mayor que generalmente toma décadas en desarrollarse. dando una ventana de tiempo, lo suficientemente amplia para actuar preventivamente.
Existen herramientas clínicas y de laboratorio disponibles ampliamente para detectar quienes son los que tienen persistencia del virus y de ésta manera realizar una prevención eficaz. En esta parte se pueden extraer las siguientes conclusiones:
Se trata de un grupo de enfermedades que tienen en común que requieren de un contacto continuo y directo para pasar de un individuo infectado a otro sano, debido a la incapacidad del organismo causal para sobrevivir al contacto con el ambiente. Son gérmenes que necesitan estar dentro de otro ser vivo para sobrevivir.
Esta característica es la que hace en teoría sea posible erradicarlas, evitando el contacto íntimo y constante, entre personas infectadas y sanas, hasta que el infectado no tenga el riesgo de contaminar a mas nadie.
Pero no es tan sencillo, resulta que éstos gérmenes se han adelantado y han aprendido a esconderse y a lograr una interacción con el hospedero, que permite una convivencia por décadas a veces de por vida sin mostrarse, viviendo en equilibrio.
El problema está cuando ése equilibrio se rompe, entonces se desarrollan procesos mórbidos que les ponen en evidencia como lesiones en la piel, o enfermedades relacionadas con las defensas que tratan de erradicar a ése germen mimetizado entre las propias células normales, destruyendo las células normales, y causando enfermedad o por que el germen se ha escondido tan bien que en el proceso de su replicación afecta la división celular y produce células que pierden la capacidad para controlar la división celular y adquieren la de escapar del sistema inmunológico, que las debería reconocer y eliminar; produciendo entonces predisposición a desarrollar cáncer.
Afortunadamente para el que tiene el germen y desafortunadamente para los que no, los individuos sobre los que se produce este desequilibrio, son los menos, quiere decir que suele suceder la metáfora del iceberg, los que dan expresión clínica, suelen ser la minoría, quedando bajo la superficie del horizonte subclínico (los que no tienen síntomas), la gran parte de los que portan el germen causal.
Los epidemiólogos han desarrollado estrategias para reconocer quienes podrían estar en ésta parte del iceberg que no se ve, además han desarrollado recomendaciones de sentido común para evitar una enfermedad de éste tipo. Llamadas recomendaciones de «sexo seguro»:
Las estrategias recomendadas para los profesionales de salud ante éstas enfermedades, que son frecuentes, es aprovechar las consultas de cualquier nivel, cuando se haga una historia clínica, más en el área de salud reproductiva, o de medicina general, hacer preguntas sobre los hábitos sexuales, y si se detectasen conductas de riesgo, solicitar las pruebas y al recibir los resultados reforzar, las conductas sexuales de bajo riesgo en los que sean negativos y explicación de los riesgos sociales, a los positivos.
Los que hacemos atención primaria, sabemos que a nivel público, las listas limitan, el tiempo de paciente, se impondrá hacer varias visitas, intentar individualizar en cada caso y recordar que son preguntas íntimas, por lo que no se deberían comenzar a hacer hasta que no esté entablada una buena relación con el paciente, que en algún momento puede encontrarlas incómodas, o agresivas y cerrarse en banda. Se que no siempre es posible, pero si por la razón que sea no lo podemos hacer habríamos de conocer la opción de derivación a un servicio donde sí puedan hacerlo, es responsabilidad de las administraciones sanitarias de proveer opciones de manejo, más en éste tema tan sensible, es nuestro trabajo.
Hasta aquí nada nuevo, Reforzando un poco y validando prácticas de siempre. Prometo escribir sobre algunas enfermedades en particular, en post sucesivos.
Ultimamente se lee mucho en los medios, sobre un procedimiento quirúrgico que cada vez se vuelve más común como es la cesárea. Informaciones de prensa hacen ver que es alarmante el número cada vez mayor de cesáreas a nivel mundial, e instituciones emblemáticas como la OMS, habrían establecido que el índice ideal de cesáreas se tendría que ubicar en alrededor del 10 al 15 % en relación al número de partos normales.
Existe además un movimiento naturista en relación al parto vaginal, donde se hace ver que, que si los partos son atendidos por personal no médico, el índice de cesáreas baja, junto con los costos de atención sanitaria.
La secuencia de lógica socrática, dados los silogismos antes planteados, es que los partos deben ser atendidos por personal no médico para así ahorrar gastos y evitar la agresión que para el binomio materno-fetal, constituye un alto índice de cesáreas «sin necesidad».
Se convierte así la figura de la llevadora o matrona en una especie de «defensora» de las parturientas contra la actitud excesivamente preocupada del personal médico, sobre un procedimiento fisiológico como es el parto normal. La explicación por la cual los médicos quisieran aumentar el índice de cesáreas, no estaría muy clara, por lo que valdría la pena evaluarla.
En primer lugar sería interesante establecer la definición de lo que se esperaría sería un índice normal de cesáreas. Si lo que dice la OMS es lo que se debe aceptar sin discusión, pues no hay nada que hacer, pero como somos científicos miremos de dónde sale esta definición de la OMS; resulta que por allá en 1985 un grupo de expertos se reunió en Fortaleza, en Brasil y establecieron ésa cifra (10 a 15 % de cesáreas sobre el total de partos normales), basados en un análisis que estableció que por encima de esos valores, las tasas de MORTALIDAD materna o fetal no disminuían.
Mucha agua ha andado bajo este puente desde entonces, desde hace décadas las tasas de mortalidad materna y las tasas de mortalidad fetal en relación a eventos relacionados con el parto, se han llevado a su más mínima expresión en países desarrollados. Tanto así que a pocos profesionales les preocupa la posibilidad de un evento fatal asociado al parto, puesto que los profesionales más jóvenes, probablemente nunca hayan visto uno en su vida y con un poco de suerte nunca lo verán.
Pero como las cosas evolucionan, afortunadamente, aparecen otros motivos de preocupación; en epidemiología cuando las tasas de mortalidad se llevan a mínimos, se empiezan a plantear mejoras para disminuir las tasas de morbilidad, esto es complicaciones no mortales, pero que afectan la calidad de vida. Por ejemplo la posibilidad de una parálisis braquial, que afecte el uso de una extremidad de por vida, a un niño que acaba de nacer o la posibilidad de daños neurológicos, que afecten la capacidad de aprendizaje, o la plasticidad neuronal, de ése futuro niño.
Así mismo existe morbilidad en la madre en relación a secuelas de partos traumáticos, como problemas de contención de esfínteres, esto es incapacidad para retener la orina o incapacidad para retener las heces, fístulas de la vejiga a la vagina o del recto a vagina, ademas de complicaciones inmediatas del parto como hemorragias o hematomas, que implican tratamientos quirúrgicos adicionales y transfusiones a veces muchos más costosos o con mayor morbilidad que la que asocia a la cesárea.
Estudios no tan recientes, establecen una relación casi lineal y directa entre trastornos de aprendizaje, de déficit de atención y del espectro autista con eventos relacionados con el embarazo y el parto, estas alteraciones pueden aparecer hasta lustros después del parto. Los neuropediatras, pediatras, psiquiatras infantiles y psicólogos clínicos tienen un bagaje de literatura al respecto.
Además existe material de estudios epidemiológicos que relacionan la disminución del indice de cesáreas con el aumento de la morbilidad neonatal, esto es un aumento de ingreso en las salas de cuidados intensivos neonatales.
He de informar que la figura de la matrona es la de un profesional diplomado en enfermería con especialización en atención de la embarazada normal y del parto normal, con formación y conocimientos que le permiten establecer la desviación de la normalidad, y notificar al ginecólogo cuando el caso lo amerita, es decir cuando se detecta una desviación de lo normal y entra en lo patológico.
Como especialista en medicina reproductiva, no soy un defensor de la cesárea a ultranza, tengo muy claro que la via de finalización del parto de manera ideal es la via vaginal, pero también tengo la formación y la experiencia para saber que en algunos casos es necesario hacer el procedimiento y también que afortunadamente existe una reserva funcional fetal que permite, digamos un margen de maniobra suficiente, aunque impreciso, para limitar la intervención, también tengo la certeza de que en ocasiones este margen de maniobra para el parto vaginal, se salda sobre células neuronales fetales, aunado al hecho de que las definiciones de compromiso de la salud fetal, no son precisas.
De allí que suscribo plenamente las recomendaciones recientes de la OMS, que establecen que las indicaciones de cesárea deben individualizarse pensando en lo que sería mejor en cada momento para la madre y el niño, no pensando en tasas de cesárea. Como en todo procedimiento con objetivo terapéutico médico o quirúrgico ha de prevalecer la máxima terapéutica de «Primo non nocere «.
Para lograr éste objetivo, entran en juego muchos factores, pareciera que el conocimiento médico fuese disociado, de lo que se demanda socialmente. Esto es, cada vez la sociedad exige más naturismo en el parto, en un péndulo histórico, sin embargo solicita fetos perfectos, se realizan pruebas prenatales para intentar de garantizar lo anterior, estas pruebas son cada vez mas complejas, pero cuando llega el momento del parto, se plantea dejarlo en manos del personal con menor formación académica, hemos oído decir cosas como «el parto es de la comadrona hasta que ella lo decida», aseveración que tiene como único objetivo reducir el dichoso índice de cesáreas, que es lo único que pareciera preocupar a los que les toca administrar, poniendo su objetivo en el ajuste de los costos.
Y no es su culpa, es una doctrina que no es nueva y que lleva años gestándose y que pretende establecer parámetros de administración general en la administración sanitaria, utilizando indicadores de eficiencia que son complejos de interpretar, mucho más que los que suelen interpretar los administradores normalmente.
En lo personal y debido a experiencia tal vez empírica, pienso que la tasa de cesáreas del 10 % propuesta por la OMS inicialmente, es poco realista, dado lo complejo que resulta, por impreciso, el establecer el grado de afectación fetal durante el parto que establezca un grado de lesión fetal o materno que tendrá consecuencias a futuro.
Pienso que debería ajustarse un valor un poco más alto que podría rondar alrededor del 20 al 25 % dependiendo de los medios con que se cuente en una sala de partos y de si la sociedad está dispuesta a asumir un porcentaje de afectación fetal, neonatal o infantil que no seria detectable y tal vez si prevenible con valores más altos de un índice de cesáreas. Pero esto es una opinión personal y lo comento solamente tal vez como una idea sobre la cual trabajar.
Resulta que se aprecia una divergencia de objetivos, entre los que abogan por una disminución del índice de cesáreas alrededor del 10 % que les preocupa algo que ya no sucede, al menos en el primer mundo, que es la mortalidad materna o fetal intraparto, mientras el profesional formado en fisiopatología, perinatologia y en consecuencias de un sufrimiento fetal, está pensando en cómo lo hará ese futuro niño en la escuela, en si llevará una vida normal, de si perderá el uso de una extremidad de por vida, o en si la madre no tendrá una complicación más severa en un parto determinado, que las que conlleva el riesgo de una cesárea de las que por ahora caerían en el aparte de «innecesarias».
Existe un factor social importante, que es que el responsable final de lo que ocurre en la sala de partos es el médico, la sociedad exige, con razón, de que en cada situación médica se utilicen al máximo todos los recursos disponibles, lo que lleva a que ante un resultado idéntico, digamos desfavorable, para la madre o para el feto, en un parto vaginal o en una cesárea, se tenga que justificar siempre el motivo de por el cual no se realizó una cesárea, en vez del parto. No así cuando se realiza una cesárea, pues se entiende que se «hizo todo lo posible».
Obviamente estas visiones divergen y mientras el equipo de salud que atiende el parto, junto con las administraciones sanitarias y la sociedad, no se establezcan los mismos objetivos, que en el fondo son los mismos, hacer mejor posible por los pacientes, pues habrá conflictividad.
El problema principal radica en establecer, que es «lo mejor», mientras todos los actores no nos pongamos de acuerdo, estamos ante una fuente de ruido, que limita la toma de decisiones. En este balance de información, quien tiene los conocimientos científicos, quien ha estudiado más y tiene más formación académica, a nadie le queda duda que es el médico, quien por ley es el que tiene la última palabra.
Las sociedades científicas tienen un rol importante en marcar la pauta de la sociedad en general, las últimas recomendaciónes de la OMS publicadas recientemente establecen sensatamente, que el profesional debe actuar pensando solamente en el bienestar del binomio materno fetal y que el diagrama de toma de decisiones no debe tomar en cuenta el índice de cesáreas; dejando entrever la necesidad de revisar ése índice recomendado en 1985 y establece pautas para clasificarlas en las salas de partos, que permitan internacionalmente dividir a las embarazadas en grupos de riesgo específico y de esta manera hacer que los estudios sean comparables para establecer un nuevo estándar internacional.
Lo enunciado anteriormente constituye sólo un punto de vista personal y no pretende servir de documento rector de pautas a seguir o de un protocolo de manejo del parto, para ello ya existen excelentes recomendaciones redactadas por las sociedades científicas respectivas, a las cuales remito si existiese algún interés en citarlas con fines legales o jurídicos.
Estamos programados para creer, teorizo que se debe a una ventaja evolutiva, el humano que justificaba su miedo a lo desconocido con creencias, evitaba peligros en un mundo primitivo, el que quería saber se exponía más al investigar, por lo que sus genes tenían menos probabilidad de transmitirse, así mismo los seres mas racionales de la historia por alguna razón no dejaron descendencia, tal vez por que tener hijos es un acto más emotivo que racional, puesto que si te lo piensas un poco, puede ser que nunca sea el mejor momento. No quiero decir que no se deban tener hijos ya que desde el punto de vista de especie es una necesidad imperiosa, tan imperiosa que la reproducción tal vez sea nuestro más fuerte motivador.
Pero eso es otro tema, lo que quiero comentar es que el miedo se alimenta de dogmas, en una sociedad hostil, los dogmas prevalecen, es decir tendemos a ser menos reflexivos y a creer lo que diga el que habla más fuerte. Tal vez por ello las masas enardecidas son tan irracionales, estoy seguro de que tiene que ver con la pirámide de necesidades de Maslow. Esto es, tienes que estar tranquilo para poder racionalizar. Tal vez esta hostilidad permanente con que nos agrede la civilización actual, en declive, sea la que nos hace creer sin pensar, tendrá que ver con el estrés.
Por otra parte el pensar toma tiempo, que a veces no tenemos pues empleamos todas nuestras energías en sobrevivir, las cuentas para llegar a fin de mes. Por lo que es más cómodo, y rápido creer que pensar.
Esto explica muchos fenómenos sociales, pero tengo la impresión de que cada vez ésto, se traslada a las ciencias, por ejemplo en medicina, la introducción del aspecto legal en el ejercicio de la profesión, que es un derecho de los pacientes, la necesidad de que si no se recibe una atención de calidad, pueda demandar un reparo al responsable, esta exigencia de una medicina de calidad, es justa y deseable.
El problema es que nunca faltan los que quieren aprovecharse, y más en una situación de crisis, lo que obliga a actuar a los profesionales, pensando además de cuál es la mejor opción terapéutica o diagnóstica para un paciente determinado, añadiendo además una variable, «la opción que pueda dar menos problemas legales».
Esto lleva a que algunos veces, se intente justificar la inacción, pues como ocurre con frecuencia, el paciente se encuentra en una zona gris, donde se ha de imponer el criterio y la experiencia, y donde el profesional debe tomar una decisión que puede ser la que tiene más riesgo legalmente con el fin de cumplir con su deber, que ha de ser hacer lo mas adecuado de acuerdo a sus conocimientos y el estado de arte, para restablecer el estado de salud en la enfermedad.
Ilustraré con un ejemplo, que es extremo, no es algo común, existe un procedimiento que es la cesárea post mortem, quiere decir que si por alguna desventurada razón la madre fallece y lleva un feto vivo en su interior, el médico debe actuar inmediatamente y sacar el niño para así salvarlo, esto era una práctica que nos enseñaban como una medida extrema, ahora bien recientemente leí una revisión, donde exponía que un porcentaje importante de los ginecólogos si podía evitar hacer el procedimiento, lo evitaría, por los problemas legales que conlleva.
Y cualquiera que lea esto puede pensar ¿Y qué problema legal puede haber, se ha salvado una vida no?, pues resulta que la intervención ha de hacerse de manera expedita, sin perder tiempo, cuando la definición legal de muerte es borrosa, esto es el criterio objetivo de muerte requiere de un tiempo que no se tiene cuando se ha de hacer la intervención, así bien casi todos los casos en USA (afortunadamente muy raros) han terminado en demandas penales y civiles contra el médico que tenía la intención e salvar una vida. En algún caso, el médico ha sido acusado de realizar un procedimiento cuando la madre aún estaba viva y que pudo haber contribuido a su muerte.
Los médicos tenemos muy claro que no bastan las buenas intenciones, estoy seguro que todo el que trabaja en esto, trata de hacer su trabajo de la mejor manera posible, pero es parte del duelo de los familiares, pasar por varias fases y existe una fase donde se mezclan la ira y la culpa y en obstetricia, donde las complicaciones son poco frecuentes, se tiende a pensar que el culpable es la cabeza visible, en éste caso el ginecólogo, haya tenido o no que ver con el desenlace no esperado.
La «judialización» de la medicina, está causando un daño en el arte y en su ciencia, ya que introduce la variable del miedo en el acto médico. Ya vimos que el miedo nos hace actuar con creencias y no con ciencia. Lo que nos aleja de la verdad, ya el tiempo de los miedos en la oscuridad de la noche pasó, gracias a no pocos pensadores que nos dieron la luz, por la razón que sea no la volvamos a apagar. El «primo non nocere» primero no hacer daño, debe prevalecer.
Y es la misma sociedad la que lo debería entender, tal vez en alguna ocasión se justifique un juicio, por negligencia, impericia o imprudencia, pero estoy seguro de que en la mayoría de las demandas, se oculta detrás un médico que hizo lo que consideró más adecuado en un momento dado, aunque esa decisión lo colocase en una posición de debilidad legal.
Es por ello que el aforismo que se escucha en los juzgados «con mucha frecuencia, demandan a los mejores», sirve de poco consuelo para el profesional que se encuentra sentado en el banquillo, pero explica perfectamente el punto de vista que quiere exponer el presente post.
Excelente reflexión tanto que la reblogueo sin agregar no quitar una coma
EL PAPEL DEL MIEDO EN EL SOBREDIAGNÓSTICO Y EL SOBRETRATAMIENTO — un ensayo de Iona Heath
Traducción de Role of fear in overdiagnosis and overtreatment—an essay by Iona Heath. BMJ 2014; 349: g6123 por [Traducido por GRUPO evalmed-GRADE] _______________________________________________________________________________________________________________
Iona Heath argumenta que los médicos y los pacientes necesitan afrontar sus miedos a la incertidumbre y a la muerte, si queremos controlar la sobremedicalización
En el prefacio de su influyente ensayo La enfermedad como metáfora, Susan Sontag escribió:
La enfermedad es el lado oscuro de la vida, una ciudadanía másonerosa.Todo el que nace tiene una doble ciudadanía, en el reino delos sanos y en el reino de los enfermos. A pesar de que todospreferimosusar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno denosotrosse ve obligado, al menos por un tiempo, a identificarse comociudadanode…
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Es un palabra difícil de aceptar, estamos acostumbrados a hablar de ella, a explicar lo que significa, a estudiarla, a pelear con ella, y a asistir a los que la padecen, con profesionalidad, dando apoyo a los familiares, y a vencerla, Hemos aprendido cosas: Los pronósticos se aplican al general de la población y no a cada paciente en particular, no es una sola enfermedad podría ser el resultado de una vía final donde fallan una serie de mecanismos de control hasta llegar a presentarse como tal. Que como dijo Sócrates, mientras más sabemos de la enfermedad más cuenta nos damos de lo poco que se sabe de ella. Y que el resultado final es tremendamente individual.
Aprendimos también que la vida es corta, los errores muchos, y que dios, si es que existe, no está allí para corregirlos, si acaso es una imagen que nos sirve de referencia para la esperanza. Aprendimos que sí existe una fuerza positiva que nos impulsa, y nos obliga a estar en armonía con nuestro entorno, lo que cada vez parece ser más difícil.
Que suceda lo que suceda, la vida pasa, y que hay que estar muy atento y en silencio para sentirla y escuchar la hierba crecer, y que nuestro tiempo es finito, que hemos de acostumbrarnos a ésta idea para disfrutar de cada segundo eterno y perfecto.
Que nunca se ha de renunciar y que aunque cada vez parece más difícil sembrar, insistir con ahínco y dedicación, tarde o temprano tendremos los frutos esperados, y al final la vida es sólo eso, los momentos vividos y las semillas sembradas,
Dejar de desear, desprendernos de todo, la vida es renunciar, y eso lo aprendemos hasta la renuncia final, algunos demasiado tardíamente, otros con suerte, previamente.
No desfallezcas guerrero de mis luchas, estas vivo y hay mucho por hacer y por crear, ¡Hay un mundo que cambiar!, Y nos espera allá afuera con ansia y esperanza. No le hemos fallado, pero todavía falta algo de camino por andar.
Un trabajo reciente sobre genética y cáncer ha puesto sobre el tapete, de nuevo, el tema del asesoramiento genético en relación al cáncer de mama y de ovario, puesto que están relacionados, y al beneficio de hacer un cribado universal de la población, para identificar quienes son portadores de una mutación genética que predisponga a estos y por extensión, a otros tipos de cáncer.
Estados Unidos termina marcando la pauta en muchas cosas, y la posición actual de muchos de sus epidemiólogos. es que para implementar ésta prueba de manera universal, serían necesarias herramientas de asesoramiento genético a la población con las que no cuenta el sistema sanitario norteamericano.
En otras palabras, se sugiere restringir información a las personas, por que no existen herramientas suficientes para protegerlas, sobre el uso que se daría a ésa información.
Entiendo el concepto, lo hacemos servir con frecuencia en la práctica diaria, cuando intentamos explicar un procedimiento quirúrgico a un paciente determinado, que tiene poca capacidad de entendernos, es cierto que quita tiempo de consulta, pero aún así es parte de nuestro trabajo.
Otra cosa es que las personas de riesgo puedan ser identificadas estudiando sus antecedentes. las recomendaciones actuales aceptadas por la mayoría de los organismos internacionales para solicitar éste tipo de pruebas son las siguientes:
Se sugiere que la solicitud de la prueba vaya asociada a asesoramiento adecuado, por personal entrenado en éste tipo de menesteres.
Al contrario de lo que se suele pensar la mayoría de los cánceres que ocurren en las mujeres de la población general, no son hereditarios, sólo el 3 % de las mujeres que sufren cáncer de mama y el 10 % de las que sufren de cáncer de ovario portan la mutación genética más frecuente, que es la de los genes BRCA. No existe forma de saber en base a la historia familiar si alguien es portador de una mutación que predisponga al cáncer de nueva aparición, si alguien tuviese dudas sobre la posibilidad de ser portador o portadora de una mutación determinada, debería buscar asesoría genética.
O sea la pescadilla que se muerde la cola, estaría de acuerdo con un cribado universal si los estudios poblacionales demostrasen que es costo efectivo, si se puede contar con asesoría genética necesaria para no causar alarma innecesaria, siguiendo el principio de «primo non naceré», pero es sólo una opinión.
El presente post no pretende sustituir el consejo que pueda suministrar un profesional de su confianza.
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