
Lento viene el futuro
lento, pero viene.
Ahora está más allá
de las nubes ramplonas
y de unas cimas ágiles
que aún no se distinguen,
y mas allá del trueno
y de la araña.
Demorándose viene
como una flor porfiada
que vigilara al sol.
A lo mejor es eso.
La vida cotidiana
prepara bienvenidas,
cierra caldos de usura
abre memorias vírgenes.
Pero él
no tiene prisa.
Lento
viene
por fin como su respuesta,
su pan para la hambruna
sus magullados ángeles
sus fieles golondrinas.
Lento
pero no lánguido,
ni ufano
ni aguafiestas
sencillamente
viene
con su afilada hoja
y su balanza
preguntando ante todo
por los sueños
y luego por las patrias
los recuerdos yacentes
y los recién nacidos.
Lento
viene el futuro,
con sus lunes y sus marzos
con sus puños y ojeras y propuestas.
Lento y no obstante raudo
como estrella pobre
sin nombre todavía
convaleciente y lento,
remordido,
soberbio,
modestísimo,
ese experto futuro que nos inventamos
nosotros
y el azar
cada vez más nosotros,
y menos el azar.
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