tomada de flicrCuando las injusticias se suceden, cuando el día a día nos agobia, es cuando deberíamos plantearnos soluciones, las más de las veces las respuestas están dentro de nosotros mismos, las más de las veces tememos enfrentarnos a ellas y muchas veces, buscamos una justificación externa, esto nos crea un objetivo, que a su vez nos lleva a emprender acciones que pensamos resolverán el problema. Y que suelen ser fuente de injusticias, es así como la injusticia genera mas injusticia en un círculo que suele terminar en violencia objetiva y subjetiva.
Pero ¡no se puede encontrar la solución donde no está !. La solución está donde se generan los problemas.
Justificarse en causas externas, si bien da una ilusión momentánea de que estamos haciendo lo correcto, en realidad no nos suministra la ansiada paz.
Hay que tener cierta capacidad para poder ver esto y si de verdad se quieren soluciones, éstas implican cierta predisposición a enfrentar los cambios que hagan falta.
En fin un camino largo y no exento de riesgos, pero puede que al final la recompensa valga la pena.
Cuando uno es pobre como yo, pero se siente rico, jamás podrá llegar a ser miserable ni marginal. Aunque parezca raro, la marginalidad no siempre está asociada a no tener dinero, Es simplemente un fenómeno detestable que se lleva más en el cerebro que en el bolsillo.
Conozco colegas pobres que a punta de talento, optimismo y curiosidad por la vida, son más millonarios que la nieta de Aristóteles Onassis.
La buena vida está sobre todo llena de la energía que produce el amor por las cosas sencillas, pero hermosas.
Para ser millonario siendo pobre, sólo debemos pensar que dentro de nosotros vive un gigante capaz de hacer todo lo que nos proponemos.
Si acaso no logra conseguirlo todo de un tiro, no importa, haga todos los días un pedacito de ese todo que usted quiere lograr.
Siéntase grande y poderoso ante cualquier circunstancia por más adversa que ésta sea y aunque suene como un consejo esotérico, no olvide que lo más difícil, qué era nacer, ya lo logró; lo demás es totalmente gratis, tanto como lo es ser inmensamente rico siendo muy pobre no teniendo dinero.
I
Es muy fácil ser millonario, por ejemplo, cuando vaya a comer, asúmalo con elegancia, sirva su plato (sin importar lo humilde que éste sea) con cariño, y póngalo bonito sobre una mesa que tenga un mantelito bien limpiecito.
Use cubiertos relucientes, coloque un delicioso vaso con colores excitantes y llénelos de frutas frescas y jugosas.
Recoja de la calle o arranque de su matero una o dos flores y colóquelas en el centro de su mesa, comparta su comida por más poquita que sea con la persona que usted más ame, sonriendo y mirándola a los ojos, levante su vaso y diga: «Buen provecho», ría y coma pan tostado caliente ya que el pan da la sensación de poseer más de lo que se tiene y tal vez así sea.
II
Si va a salir de casa, piense en lo afortunado que es al tener vecinos tan simpáticos, no importa que eso sea embuste, lo importante es que usted pueda sentir que ellos son simpáticos.
No vea el basurero ni los huecos que están en la calle, fíjese más bien en la cantidad de hermosos y frondosos árboles que hay a su alrededor y en los felices niños que juegan junto a ellos.
III
¡No sea tacaño, amigo! Eso es muy feo, mientras más tacaño se es, más pobres y miserables vamos a ser, así que exagere regalando.
Seguramente, aún haciéndolo, estará dando poco.
IV
Enamórese aunque no le hagan caso, porque cuando la gente se enamora siempre se pone bonita y se comporta como si todo lo tuviera.
V
Toda desgracia es pasajera, no se entierre en la realidad adversa ni en las cosas que son o parecen malas en la vida.
VI
Tome licor, no beba; fume, no fume; sea vegetariano, coma carne; sea ateo, crea en todo; no haga deporte, vaya al gimnasio y trote,
En fin, haga todo o deje de hacerlo, pero no obligue ni moleste a otros con sus fastidiosas manías.
VII
Odie la pobreza, enséñese a sí mismo y a los demás, a ser ricos de verdad.
Desconfíe de quienes valiéndose de aquellos que creen ser pobres, se exhiben como un general de causas miserables de dominio.
Basta ya de exaltar la pobreza como una virtud, ya que eso sólo sirve para que la gente no se dé cuenta de lo inmensamente rica que puede ser.
Senda que recorres, ¿por que te lo has propuesto?, un poco eso que dicen los budistas de que cuando te encuentras listo aparece la enseñanza, constituye un esfuerzo máximo, donde se conjugan las dudas, las incertidumbres y el deseo de aventura, los peregrinos se van enriqueciendo de una experiencia vital, y lo que hace especial a éste camino, es su disposición, para el peregrino, exige mucho pero también da mucho, ese ¡ Buen camino! al cruzarse con otros andantes, ese andar hasta el límite de tus fuerzas, llegar a ese estado físico donde te centras en un solo objetivo, y luego la satisfacción de haber pasado por todas esas incertidumbres, haber alcanzado la meta. Lo bueno es que son muchas metas pequeñas hasta el objetivo último que es Santiago de Compostela, mas de 800 Km desde Saint Jean de Pied de Port, en el país vasco francés. Nuestro conocimiento del mundo y de nosotros mismos habrá ganado mucho, la invitación es entonces a intentarlo y a compartir experiencias.
Nota: Para aclarar un poco la confusión de nombres del camino y la ruta es interesante leer la entrada de Wikipedia:
«Jacobo, Jacob, Yago, Iago, Jaime, Santiago y Diego son variantes en español del nombre propio Ya’akov (en hebreo יַעֲקֹב), que significa «sostenido por el talón» y fue el nombre del patriarca que después se llamó Israel. El nombre de este patriarca fue traído al castellano como Jacob.»
Recibida por e-mail, no podía dejar de compartirla gracias aldo…
MOUSSA AG ASSARID,
No sé mi edad: Nací en el desierto del Sahara, sin papeles…! Nací en un
campamento nómada Tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido
pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio
Gestión en la Universidad Montpellier- Estoy soltero. Defiendo a los
pastores Tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo
– ¡Qué turbante tan hermoso…!
– Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando
se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
– Es de un azul bellísimo…
– A los Tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe
algo y nuestra piel toma tintes azulados…
– ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
– Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales.
El azul, para los Tuareg, es el color del mundo.
– ¿Por qué?
– Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
– ¿Quiénes son los Tuareg?
– Tuareg significa abandonados, porque somos un viejo pueblo nómada del
desierto, solitario, orgulloso: señores del desierto, nos llaman. Nuestra
etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
– ¿Cuántos son?
– Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población
decrece… «¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que
existía!», denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este
pueblo.
– ¿A qué se dedican?
– Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un
reino de infinito y de silencio…
– ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
– Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón.
No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
– ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
– Me despierto con el sol.. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos
dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba… Así
hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre… Y yo. ¡No había otra cosa en
el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
– ¿Sí? No parece muy estimulante. ..
– Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que
te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la
vista, orientarte por el sol y las estrellas… Y a dejarte llevar por el
camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
– Saber eso es valioso, sin duda…
– Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene
enorme valor!
– Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
– Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso.
¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar
juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
– ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
– Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre
si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro…
– Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja…
– Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta
de respeto hacia la mujer?, me pregunté… Después, en el hotel Ibis, vi
el primer grifo de mi vida: vi correr el agua… y sentí ganas de llorar.
– Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
– ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo
las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan
inmenso…
– ¿Tanto como eso?
– Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales,
caímos enfermos…. Yo tendría unos doce años, y mi madre murió… ¡Ella
lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me
enseñó a ser yo mismo.
– ¿Qué pasó con su familia?
– Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo
caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para
dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa… Entendí: mi
madre estaba ayudándome…
– ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
– De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally
París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo
recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito.
Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo…
– Y lo logró.
– Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
– ¡Un Tuareg en la universidad. ..!
– Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella… Y el fuego de leña.
Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las
miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta
cada cabra… Aquí, por la noche, miráis la tele.
– Sí… ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
– Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la
vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de
poseer, frenesí, prisa… En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué?
¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
– Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
– Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el
frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento
y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo,
verde…
– Fascinante, desde luego…
– Es un momento mágico… Entramos todos en la tienda y hervimos té.
Sentados, en silencio, escuchamos el hervor… La calma nos invade a
todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor…
Deja a Dios los problemas de Dios y el karma los problemas al karma. Hoy estás aquí y nada de lo que hagas puede cambiar éste hecho. Hoy estás vivo y te sonríe la fortuna. Contempla esa puesta de sol. Es hermosa ¿eh? Esta puesta de sol existe- El mañana no existe. Sólo hay un presente. Mira, por favor. Esta puesta de sol es bella, y nunca volverá a ser , nunca en toda la eternidad. Fúndete con ella, identifícate con la naturaleza y no pienses en el karma, en el tuyo, en el mío o en el de la aldea.
– El petróleo es un arma de destrucción masiva: es lo que da el dinero para montar las mayores atrocidades. Si no superamos la era del petróleo, no habrá libertades en Medio Oriente. Si no las hay, no frenaremos el fenómeno yihadista. Si no lo paramos, no habrá paz en Medio Oriente. Se trata de una cadena. Todo el mundo libre depende de un modelo de vida que da miles de millones de dólares a dictaduras atroces que lo utilizan para esclavizar a sus pueblos y fomentar el terrorismo. Esto se acabará el día en que el petróleo no sea la clave económica del mundo. Lo dramático es que toda esa riqueza no sirvió para nada. En los últimos 70 años todo el dinero de ese petróleo no ha dado un solo premio Nobel en todos los países islámicos de Medio Oriente. En cambio, en las mismas seis décadas, un pequeño país de siete millones de habitantes, como es Israel, generó muchísimos Nobel. No olvidemos que hace un tiempo Mohamar Kadafi dijo: «ustedes tienen la bomba atómica pero nosotros tenemos la bomba demográfica». Ahora quieren tener las dos.