Para los sajones existía el refrán «tan cierto como que todos los cisnes son blancos» hasta que un bien dia descubrieron que en Australia existían cisnes negros.
La paradoja se utiliza en ciencia para establecer que no necesariamente observaciones repetidas que siempre dan el mismo resultado, son del todo ciertas.
Y ocasionalmente si no controlamos todas las variables puede ser que para bien o para mal, ocurra un evento que no era predecible de acuerdo con observaciones previas.
Por ejemplo, un pavo puede establecer de acuerdo con su experiencia repetida que los seres humanos son seres buenos que se preocupan por su bienestar y alimentacion, hasta que llega el cisne negro del Dia de acción de gracias.
Tendemos a simplificar los resultados por un sustrato neurológico establecido, tendemos a relacionar eventos que ocurren simultáneamente y luego racionalizamos su causalidad.
Para explicarlo otro ejemplo, no por el hecho de que abra una puerta y ocurra un temblor ambos hechos están relacionados. No importa el numero de veces que se abra la puerta y tiemble o ocurra un evento desagradable. .
No por el hecho de que la mayoría de los partos que ocurren en un taxi acaben bien, quiere decir que los taxis sean el mejor lugar para atender los partos.
Lo mismo ocurre con observaciones repetidas sin la información completa los elementos poco frecuentes pueden saltar de repente y convertirse en cisnes negros para bien o para mal.
El problema de no tener en cuenta la posibilidad de los cisnes negros es que cuando ocurren, que ocurrirán, si no estamos preparados, ya que una de sus características es que son impredecibles, pueden tener consecuencias que nos marcan de por vida, a partir de las cuales no volveremos a ser los mismos.
Fuente: «El Cisne Negro el impacto de lo altamente improbable» Nassim Nicholas Taleb
Soy médico, no economista, pero el ejercicio de mi profesión en diversos sitios niveles de la escala social y en diversas instituciones desde el tercer mundo hasta el primero, desde una medicatura rural en un pueblo donde junto al cura y la autoridad civil me correspondió asumir cierto liderazgo local; luego desde mi formación en lo que ahora llaman «troncalidad» en hospitales universitarios, luego en un hospital de tercer nivel donde hice mi formación de especialista. Luego en mi ejercicio público y privado, docente y asistencial en mi país de origen. Y luego en mi exilio autoinflingido, primero como médico general en el área rural de Salamanca mientras hacía doctorado y luego como especialista en un municipio de la costa del Maresme de Catalunya, España, me ha puesto en contacto con muchas y diversas realidades sociales y microeconómicas.
Viví el apogeo y caída de la social democracia en un país rico, como Venezuela, donde sus líderes no estaban mal encaminados, en el modelo que ya era progresista en los 70, en el mundo. Fui testigo de evolución en mejoras en educación, y salud vistas como inversión que se proyectaron en bienestar y en una clase media crítica y fuerte de profesionales con sólida formación en Universidades con siglos de historia que supieron adaptarse a los tiempo de cambios.
Viví la decadencia de un estado débil ante las fuerzas del mercado, la codicia se fue apoderando de instituciones, el dinero fácil del petróleo que trajo bienestar gratuito, sin esfuerzo, que no supimos valorar y que la sociedad acabó despreciando. «Dale a la soberbia galletas y se enfadará por que no les das, además leche, en vez de agradecer las galletas».
Creo que fue un poco los que nos pasó como sociedad, el sentir que nos merecemos más y la falta de moralidad de los líderes ante un estado débil que cayó en manos de las corporaciones, por que pareciera que el capitalismo para funcionar bien requiere de una infraestructura sólida de democracia, que le brinde cierta seguridad y ciertas reglas que permitan la transparencia, cosa que no sucede en estados débiles que terminan cediendo ante corporaciones, que compran parcelas de explotación a expensas de sus pobladores.
Peor si los que hacen uso de éstas prebendas son las clases políticas dirigentes que es lo ha ocurrido en el socialismo, se utiliza como excusa para crear una nueva clase dirigente, que desplaza a las corporaciones y luego las utiliza en propio beneficio.
Pareciera que «la mayoría» como llamaban los aristócratas griegos al pueblo, siempre tiene las de perder. En el capitalismo ante el apetito desmedido de las corporaciones y en el socialismo ante el apetito desmedido del estado. Los profesionales en el medio luego de años de esfuerzo y formación, no son suficientemente valorados.
Por tanto diera la impresión de que lo rentable en los tiempos que vivimos es dedicarse a la política, pero sin principios, vamos a la politiquería, al menos es lo que nuestras sociedades premian con bienestar económico, rápido ante el secuestro de lo poderes por una clase sin valores; no existirán motivos por los cuales un político no debería robar, puesto que las posibilidad de que su acción en detrimento de los intereses colectivos quede impune, es muy alta.
El llamado es a la participación, los vacíos que dejamos por no querer «mojarnos» en política pueden ser llenados por otros que tienen intereses personales en juego y que seguramente podrían tratar de aprovecharse, sobre todo si tienen la certeza de que saldrán impunes.