Te pienso luego de una larga noche
luego de sombras y espacios fríos.
Te pienso luego de abismos simulados,
luego de silencios largos
y ojos dormidos.
Te pienso y no estás ausente,
en mi despertar existe tu sombra
que danza pausada buscando su lecho,
para amarse en la realidad escondida
del tiempo sin memoria.
Te pienso luego de larga ausencia
y es como si tu voz me llamara a gritos
a reunirme con tu boca,
de la que emana un manatial de sal
perdido entre cielo y rocas.
Te pienso en mi despertar
y mi voz te llama…, te clama…
¡Ay! si el tiempo no fuera un cruel tirano
derrumbando a su paso espacios
dejándolos vacios,
Sólo si el tiempo nos diera tregua
para recobrar lo perdido,
podría recuperar mi acento,
y tu patria mía, podrias de nuevo
tenerme contigo.
En su último poético album, de unos de mis canta-autores favoritos, no tan solo por su calidad interpretativa, como por su calidad humana, Serrat rinde un merecido homenaje a un poeta alicantino, noble y valiente, el albúm completo no tiene desperdicio y la última canción constituye un acierto en sensibilidad artística, que nos deja deseando aún mas.
De Nuevo gracias, admirado Joan Manuel, por demostrarnos que existe la belleza y que no todo lo que hacemos como seres humanos es destructivo, renaciendo cada vez la esperanza, de un mundo mejor, por que si se puede crear arte de este nivel, entonces nos damos cuenta de que no existen imposibles.
Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz! Pablo Neruda