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Todas sois súper mujeres!
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Todas sois súper mujeres!

Miracle cures are vanishingly rare. Most things that work in medicine work OK; they make us a little better, and we learn why they do that and improve on them, and try again and again. It’s not flashy; it doesn’t have that allure of secret knowledge. But it’s what separates science from magic.
Las curaciones milagrosas son extremadamente raras. La mayoría de los tratamientos en medicina funcionan bien, nos hacen mejorar, aprendemos por qué mejoramos, aumenta nuestro conocimiento, los hacemos más efectivos, y lo volvemos a intentar. No es algo excitante, no tiene esa aura de conocimiento secreto. Pero es lo que separa la ciencia de la magia.
Tomado de MEDSCAPE. «IVERMECTINA en el tratamiento de Covid: El último clavo en el ataúd»

Las enfermedades cardiovasculares en las mujeres se mantienen mal estudiadas, subdiagnosticadas y subtratadas.
Hoy por hoy las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de mortalidad en las mujeres. El 90 % de las mujeres tienen uno o más factores de riesgo para desarrollar enfermedad cardiovascular. La inicidencia de enfermedad cardiovascular después de los 40 años es similar en mujeres y hombres. A la edad de 60 años, más mujeres que hombres tendrán enfermedad cardiovascular.
En las mujeres se deben tomar en cuenta factores específicos de riesgo cardiovascular como una menarquia muy temprana o tardía, una menopausia temprana. Patología asociada al embarazo y las enfermedades autoinmunes que son más frecuentes en las mujeres.
La hipertensión y los trastornos del metabolismo lipídico aumentan postmenopausia, así como la sensibilidad a la insulina, disminuye.
La mayoría de los infartos al miocardio en mujeres ocurren después de los 65 años, sin embargo el 21 % de los infartos en mujeres ocurren antes de ésa edad.
En USA el riesgo de infarto al miocardio en mujeres embarazadas, ha aumentado en un 25 %, relacionándose con mayor edad al embarazarse, y a la asociación con factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión, la hiperlipidemia, la diabetes, la obesidad y el tabaquismo.
Así mismo, la morbilidad post infarto es mayor en mujeres que en hombres.
Establecer el riesgo cardiovascular, en las mujeres, es crítico, si queremos reducir la morbilidad por enfermedades cardiovasculares. Los factores de riesgo tradicionales para ambos sexos:
En las mujeres se deben investigar:
Los cambios en la dieta y estilo de vida, constituyen el pilar fundamental del manejo del riesgo cardiovascular aumentado. Se recomienda la dieta mediterránea. Que en sí misma es el factor más determinante en disminuir el riesgo cardiovascular.
La dieta mediterránea, recomienda evitar los alimentos procesados, preferir productos frescos, consumo diario de aceite de oliva, frutas, vegetales , legumbres y granos. Ingesta semanal de pescado, lacteos fermentados y huevos, pequeñas porciones de carnes, y limitando las carnes rojas, y pequeñas cantidades de vino servidas en la cena. El aumento en la ingesta diaria de alimentos en 2 puntos en la escala de dieta mediterránea, disminuye el riesgo cardiovascular en un 25 %
Asi mismo disminuir la tensión arterial. control del colesterol, de la diabetes y el abandono del hábito de fumar, recomendando actividad física adecuada a la edad y condición física individual.
Por último el tratamiento con estatinas, en los casos en que esté indicado, con los controles adecuados, es una conducta apropiada en disminuir el riesgo cardiovascular. En cuanto al tratamiento con estatinas es importante establecer el estatus reproductivo, en pacientes en edad fértil, la FDA recientemente autorizó el uso de estatinas cuando estén indicadas durante el embarazo, pero no durante la lactancia. Se deben discutir los beneficios y riesgos de uso durante el embarazo según casos individuales.
Iniciar el tratamiento con estatinas, en la consutla de ginecologia, puede ser un paso importante en el manejo del riesgo cardiovascular en las mujeres. A continuación unas recomendaciones actuales en relación al uso de éstos medicamentos, que se deben utilizar sólo si están indicados. (Recomendaciones aquí)
Se ha de tener en cuenta que las mujeres en general tienen 1,5 veces más efectos secundarios a medicamentos, que los hombres. Tienen menor masa muscular y mayor resistencia a la insulina, se deben monitorizar las transaminasas en pacientes que experiencian mialgias en tratamiento con estatatinas, si las enzimas no están alteradas, rara vez es necesario descontinuar el tratamiento médico.
Se ha de recordar que las estatinas aumentan la resistencia a la insulina, las altas dosis de estatinas pueden seleccionar pacientes predispuestos a sufrir diabetes, sobre todo pacientes con IMC mayor de 30, glucosa en ayunas mayor de 100 mg% o hemoglobina glicosilada mayor de 6, el 10 a 15 % de éstos pacientes podrían desarrollar una diabetes tipo 2, en asociación al tratamiento con estatinas.
En el 2012 la FDA removió la recomendación de revisión regular de niveles de transaminasas hepáticas en pacientes con estatinas. Las estatinas puden subir las transaminasas en un 1 % de los usuarios de éstos medicamentos, cambios que no afectan la función hepática, ni se relacionan con daño hepático. Se recomienta solicitar unos niveles antes del inicio del tratamiento y repetir si hace falta de acuerdo a la clínica. No se deben suspender las estatinas si los niveles están por debajo de 3 veces los valores normales. Recordar la presencia de higado graso no alcohólico en pacientes obesos y diabéticos, como una causa de aumento de las transaminasas, no relacionada con las estatinas. En paciente cirróticos y/o con otras hepatopatias, las estatinas han demostrado disminuir los eventos cardiovasculares si los niveles de transaminasas están por debajo de 3 veces los valores normales. Siempre y cuando cumplan los criterios para iniciar tratamientos con éstos medicamentos.
Actualmente no existe evidencia científica, que soporte la creencia de que exista un riesgo aumentado de fenómenos hemorrágicos intracraneales en usuarios de estatinas.
La tendinitis o rotura tendinosa puede ocurrir en un 2 % de los usuarios de estatinas, estas ocurren generalmente en pacientes con co morbilidades o que toman medicación como corticosteroides o fluoroquinolonas.
La presente información tiene una función meramente informativa y no sustituye el buen consejo de un profesional sanitario de su confianza.
FUENTE: Comtemporary OB/GYN
Recientemente ha salido un estudio publicado en la revista Health Policy, establece que por debajo del 10% de cesáreas, se hacen demasiado pocas, y por encima del 15%, tal vez se estén haciendo de más.
Luego desglosa los hospitales españoles, informando las tasas de cesáreas respectivas, comparando hospitales públicos y privados. Y sacando conclusiones, basadas en los dos aforismos anteriores.
Miremos de dónde sale el 10% de la OMS; resulta que por allá en 1985 un grupo de expertos se reunió en Fortaleza, en Brasil y establecieron ésa cifra (10 a 15 % de cesáreas sobre el total de partos normales), como adecuada, basados en un análisis que estableció que por encima de esos valores, las tasas de MORTALIDAD materna o fetal no disminuían.
Mucha agua ha andado bajo este puente desde entonces, desde hace décadas las tasas de mortalidad materna y las tasas de mortalidad fetal en relación a eventos relacionados con el parto, se han llevado a su más mínima expresión en países desarrollados. Tanto así que a pocos profesionales les preocupa la posibilidad de un evento fatal asociado al parto, puesto que los profesionales más jóvenes, probablemente nunca hayan visto uno en su vida y con un poco de suerte nunca lo verán.
Pero como las cosas evolucionan, afortunadamente, aparecen otros motivos de preocupación; en epidemiología cuando las tasas de mortalidad se llevan a mínimos, se empiezan a plantear mejoras para disminuir las tasas de morbilidad, esto es complicaciones no mortales, pero que afectan la calidad de vida. Por ejemplo la posibilidad de una parálisis braquial, que afecte el uso de una extremidad de por vida, a un niño que acaba de nacer o la posibilidad de daños neurológicos, que afecten la capacidad de aprendizaje, o la plasticidad neuronal, de ése futuro niño.
Así mismo existe morbilidad en la madre en relación a secuelas de partos traumáticos, como problemas de contención de esfínteres, esto es incapacidad para retener la orina o incapacidad para retener las heces, fístulas de la vejiga a la vagina o del recto a vagina, ademas de complicaciones inmediatas del parto como hemorragias o hematomas, que implican tratamientos quirúrgicos adicionales y transfusiones a veces muchos más costosos o con mayor morbilidad que la que asocia a la cesárea.
Estudios no tan recientes, establecen una relación casi lineal y directa entre trastornos de aprendizaje, de déficit de atención y del espectro autista con eventos relacionados con el embarazo y el parto, estas alteraciones pueden aparecer hasta lustros después del parto. Los neuropediatras, pediatras, psiquiatras infantiles y psicólogos clínicos tienen un bagaje de literatura al respecto.
Además existe material de estudios epidemiológicos que relacionan la disminución del indice de cesáreas con el aumento de la morbilidad neonatal, esto es un aumento de ingreso en las salas de cuidados intensivos neonatales.
No soy un defensor de la cesárea a ultranza, tengo muy claro que la via de finalización del parto de manera ideal es la via vaginal, pero también tengo la formación y la experiencia para saber que en algunos casos es necesario hacer el procedimiento y también que afortunadamente existe una reserva funcional fetal que permite, digamos un margen de maniobra suficiente, aunque impreciso, para limitar la intervención quirúrgica, también tengo la certeza de que en ocasiones éste margen de maniobra para el parto vaginal, se salda sobre células neuronales fetales, aunado al hecho de que las definiciones de compromiso de la salud fetal, no son precisas.
De allí que suscribo plenamente las recomendaciones más recientes de la OMS, que establecen que las indicaciones de cesárea deben individualizarse pensando en lo que sería mejor en cada momento para la madre y el niño, sin tomar en cuenta los índices de cesáreas, de un llugar determinado.
Como en todo procedimiento con objetivo terapéutico médico o quirúrgico ha de prevalecer la máxima terapéutica de «Primo non nocere», esto es, «Primero no hacer daño»,
Resulta que se aprecia una divergencia de objetivos, entre los que abogan por una disminución del índice de cesáreas alrededor del 10 % que les preocupa algo que ya no sucede, al menos en el primer mundo, que es la mortalidad materna o fetal intraparto, mientras el profesional formado en fisiopatología, perinatologia y en consecuencias de un sufrimiento fetal, está pensando en cómo lo hará ese futuro niño en la escuela, en si llevará una vida normal, de si perderá el uso de una extremidad de por vida, o en si la madre no tendrá una complicación más severa en un parto determinado, que las que conlleva el riesgo de una cesárea, de las que según las antiguas recomendaciones de Fortaleza, caerían en el aparte de «innecesarias».
Las últimas recomendaciónes de la OMS publicadas en éste sentido, establecen sensatamente, que el profesional debe actuar pensando sólamente en el bienestar del binomio materno fetal y que el diagrama de toma de decisiones no debe tomar en cuenta el índice de cesáreas; dejando entrever la necesidad de revisar ése índice recomendado en 1985 y establece pautas para clasificarlas en las salas de partos, que permitan internacionalmente dividir a las embarazadas en grupos de riesgo específico y de esta manera hacer que los estudios sean comparables para establecer un nuevo estándar internacional.
Por ejemplo, no se pueden comparar índices de cesáreas de diferentes centros sin conocer que tipo de población atienden.
Un factor de riesgo importante puede ser la edad materna, por mencionar uno a manera de ejemplo.
La tasa de cesáreas en las mayores de 40 años, por motivos anatómicos y fisiológicos, está demostrado que es más alta que en las pacientes más jóvenes, ésta se sitúa en alrededor del 45%. Mientras que en las menores de 25 años se sitúa, en alrededor del 20%.
La edad promedio se las que acuden a centros privados es de alrededor de los 38 años. Por tanto sólo tomando en cuenta ésta variable, existen otras más , se entiende que no se pueden comparar centros públicos, donde acuden las más jovenes en general, con centros privados, sin conocer por ejemplo, la composición por edad de la población que atienden.
Sin contar otras variables cómo peso materno y co-morbilidades como por ejemplo los tratamientos de fecundación in vitro, que se relacionan con mayor morbilidad materna y fetal, por citar otros grupos de riesgo, que suelen ser diferentes en los centros públicos y privados.
“No se pueden comparar peras con manzanas” decía un profesor mío de epidemiología.
El presente documento, constituye una opinión y no sustitye el buen consejo de un profesional sanitario de su confianza.

Un dormir inadecuado, se relaciona con disfunción sexual en la mujer, mientras que un sueño de calidad, se relaciona con mejoría de la actividad sexual. Como se interpreta de un estudio publicado en el journal Menopause. (Data Registre Experiences of Aging, Menopausia y Sexualidad (DREAMS) citado en Contemporary ObGyn.
Los trastornos del sueño y la disfunción sexual, ambos son comunes en mujeres en la mitad de la vida. Los dos son importantes indicadores de calidad de vida y de bienestar. Los autores intentaron evaluar si había alguna relación entre las dos situaciones. (Stephanie Faubion et al, directora del centro de Salud Femenina de la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota).
El estudio pudo evidenciar que un 72,4 % de las mujeres estudiadas, con edad promedio de 53 años, eran sexualmente activas. De éstas un 75 % tenían un sueño de mala calidad según los cuestionarios utilizados. Mientras un 54 % cumplían criterios de disfunción sexual femenina, según los tests utilizados.
Las pacientes con mala calidad de sueño, tenían un 50 % más de probablidades de evidenciar disfunción sexual que las que dormían bien. Y el 63.5 % de las pacientes que referían dormir menos de 5 horas diarias, tenian disfunción sexual, con significancia estadística comprobada.
Las mujeres sexualmente activas tenían más probabilidad de reportar buena calidad de sueño, en relación a las mujeres sexualmente inactivas.
No se apreció relación entre la duración del período de sueño y la función sexual.
La autora establece que estas dos entidades son fácilmente evaluables en la consulta.
El presente trabajo establece la importancia de preguntar a las pacientes en relación a trastornos del sueño, si consulta por disfunción sexual y viceversa.
Los tratamientos para trastornos del sueño entre mujeres de edad media dependen de la causa. Una paciente puede sufrir de insomnio por los calores y sudoraciones nocturnas, debidos a la menopausia. Puede sufrir de urgencia miccional, que la despierte debido al sindrome urogenital de la postmenopausia.
Además, una mujer determinada puede tener trastornos de ansiedad o depresión, que pueden causar el insomnio, o sufrir de apnea del sueño o del síndrome de las piernas inquietas, aquí puede ser orientativo el interrogatorio de la pareja que notará que ronca de manerar disruptiva, o que dá patadas, si se trata del síndrome de piernas inquietas. Inclusive la pareja puede ser la causa o contribuir al problema, si es él o élla la que sufre de apnea del sueño.
La realidad es que una persona cansada puede preferir una buena noche de sueño, en vez del sexo.
Mejorar el dormir, tiene un efecto importante en la salud en general, en la calidad de vida, en la función sexual y en la salud de las relaciones íntimas.
El presente post no substituye el buen consejo de un profesional sanitario de su confianza.