La gente se acostumbra a todo, hasta a vivir con miedo. Y no es díficil dados los tiempos que corren, venimos de una sociedad que se esforzaba en dar seguridad, y de repente descubrimos que nada es seguro.
Una sensación de inestabilidad que desemboca en miedo, que nos mueve a buscar más control, en una realidad que no controlamos, con consecuencia de frustración y malestar, que se irradia a nuestro entorno.
Si eres reflexivo, evitas caer en un espiral de miedo, frustración, malestar, que puede tener consecuencias nefastas en tu entorno y en tu vida personal.
No es casual la escalada de agresividad que sentimos, en unas sociedades más que en otras, es el resultado de aquello que se llamó capitalismo desperzonalizador. Esto es que sólo importa el capital y lo demás ya vendrá después.
Si bien es cierto que la holgura económica es importante para lograr el bienestar, con más frecuencia de lo que quisieramos como le sucedía a el Sr. Scrooge de la historia de Dickens, se convierte en fuente de infelicidad.
Y es que ningún extremo es bueno, de allí que sea importante la moderación, tan preconizada por las filosofias orientales, o el aúreo término medio de Aristóteles, filosofías que nos hacen sentir bien aún en las situaciones difíciles que el estilo vida actual, genera.
Seguir el camino del medio, el problema está cuando el péndulo está muy ido hacia un extremo, entonces el medio quedará por sobre la frontera de la mesura y es un error frecuente. Siento que ahora, en ocasiones, el péndulo está tan ido hacia el lado oscuro, que cualquier camino que busque un intermedio entre dos argumentos, queda sobre el lado oscuro.


