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En su libro “El Viaje a La Felicidad”, Eduardo Punset define la felicidad cómo una emoción transitoria que origina un instante de orden en complejos sistemas de caos. La considera un bien colectivo y no material. Una sociedad feliz, afirma, vive en ausencia de miedo, temor y en el goce de libertades. Es probable que estas consideraciones no encuadren en la dialéctica de la ineptocracia criolla y su nuevo e innecesario Ministerio que representa una verdadera bofetada, burla y paradoja en la realidad de una sociedad que vive en el terror diario, la inseguridad y las crónicas de agravadas calamidades. Desigualdad en las que unos pocos ricos y burócratas lo tienen todo y una mayoría carece de casi todo. Basta echar un vistazo con objetividad para descubrir que El Estado no garantiza, para todos sus habitantes, educación y salud digna, vialidad, libre tránsito, libertad de pensamiento y expresión, o alimentos de la canasta básica. Un país con instituciones corrompidas, corruptas, injustas, con un Gobierno que voltea la vista y no garantiza el derecho a la vida, que en el más absoluto descaro no protege y agrede a aquellos ciudadanos que no sean adeptos a su pensamiento político y su desvirtuada visión monocromática de país. En este contexto se promueve el delito, se irrespeta la propiedad, se disimula la ineficiencia favoreciendo el saqueo y se tiene la osadía de crear un Ministerio para la felicidad plena. Solo porque la sociedad de los cómplices tolera todos los atropellos.
Jesús Zurita Peralta. CI: 6.625.245
Encarecer los idiomas no nos hará más competitivos, Es una muestra mas del uso de la crisis para soportar la ideología, para el gobierno actual es un gasto la educación desde el punto de vista ideológico y no lo ven como lo que es: una inversión. Que es rentable a mediano y largo plazo EL acceso a las escuelas de idiomas debería facilitarse, No creo en las cosas gratuitas, no las sabemos valorar, si nos cuesta algo se verá en el esfuerzo que invirtamos en cumplir los objetivos, pero encarecerlas, en la situación actual, es un dislate en el menor de los casos, secesitamos
ciudadanos que puedan expresarse. Además elaprendizaje de una lengua lleva sumado la perfección de lo que sabemos, nos pone en contacto con otras culturas y amplia nuestro futuro, para terminar una de mis citas favoritas de Unamuno que viene al caso: «El racismo se cura viajando y el fascismo leyendo». Tal vez muchos de los que toman decisiones deberían leer a Unamuno.
Hay que dar una oportunidad a la buena suerte !!
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El curso vectorial del tiempo, una línea que ocasionalmente es discontinua, permeable, para que en ella tengan espacio incertidumbre y misterio. La filosofía y la poesía van de la mano dándole sustento a ese vector de trazo infinito, una para generar preguntas desde la inconformidad y la necesidad de reflexión sobre el pasado, entender el ahora y proyectarse al futuro con coherencia, al menos creer que es así, y la otra ofreciendo respuestas y sosiego, uniendo símbolos para crear belleza, única alternativa para hablar todos un idioma común, porque la poesía es hermosa en cualquier lengua y la filosofía esencia. El yo cuestiona todo en la filosofía y el yo también acepta todo en la poesía. Con ellas salimos al encuentro, ahí, al espacio donde están expuestas tesis, antítesis y síntesis.
Conformamos ideas desde preconceptos, algo dinámico, porque el absoluto y lo relativo son de hecho fragmentos del todo, y formamos parte del todo de manera temporal, al menos físicamente. Con esas ideas enfrentamos el presente, con una carga de inferencias inconscientes que están en lo íntimo, en lo cultural y lo ambiental, desde ahí buscamos aproximaciones. Tenemos miedo, porque nos desconocemos como seres poderosos, poseemos más luz que oscuridad y eso nos asusta. Poco a poco se impone el orden, aunque se producen escisiones en nuestro vector común y se imponen nuevas corrientes de pensamiento, algunas más universales, integrales, holísticas, aunque la humanidad no lo perciba y a ratos denigre de su instante, todo fluye, todo está en movimiento, nada es permanente (Heráclito).
Nos movemos diariamente y sutilmente entre distintas corrientes de pensamiento, a saber: existencialismo, postmodernismo, absolutismo, nihilismo, pragmatismo, positivismo, humanismo, hermenéutica, mayéutica, etc, jugamos instintivamente con la lógica, la razón, la ética y la moral, jugamos acertada o accidentadamente al bien y el mal sin saber nada de Kant, Comte, Descartes o Epicuro, por citar nombres irrelevantes para unos o importantísimos para otros. Lo que se afirma es que todos somos un filósofo y un poeta innato, casi propio e individual que va explicando los acontecimientos y ubicándonos temporalmente.
Alguna vez escuché afirmar a un profesor universitario (Jubilado) que la filosofía había muerto, duro comentario para quien debía ser una ventana traspasable y transparente, facultades inherentes de quien se encarga del saber y el conocimiento. La filosofía no pierde su vigencia, no se trata de discutir sobre la dialéctica de Hegel o entender a Nietzsche con su frase “Dios ha muerto”, se trata simplemente de comprender el significante y el contexto de cada pensamiento, su razón, vigencia, circunstancias e impacto en su momento o el nuestro. Es fascinante descubrir cómo se mueven simultáneamente corrientes filosóficas y poesía con la misma fuerza, en atracción permanente y sin anteponerse.
En el marco de crisis que nos envuelve, surgen planteamientos de buena fe, que buscan soluciones, a la escasez de recursos públicos, por supuesto también influye un poco la ideología política, es decir si soy de derechas pienso que los servicios públicos son un gasto (por ejemplo salud y educación) y que cada quien debería buscar la manera de costearlos, puesto que el beneficio es individual y no se deberían emplear los dineros de todos en resolver problemas individuales, además como exponen los que argumentan en USA contra un sistema público de salud, ¿Qué culpa tengo yo del cáncer de pulmón por fumar ? ¿Por qué he pagarle el tratamiento del cáncer a un fumador, si se lo buscó?.
En el otro punto del espectro, se encuentra el socialismo (Ya el comunismo desapareció del mapa), que ideológicamente establece que los servicios no son gastos, son inversiones, y que en la medida en que todos colaboremos, tendremos una sociedad mejor, donde el estado se encarga de distribuir la riqueza via recolección de impuestos a los que más tienen y generar servicios de calidad, que garanticen el bienestar social, que es el verdadero fin último de los recursos económicos.
El enfoque privado establece criterios de productividad para evaluar el desempeño de una actividad, éstos criterios suelen ser de índole económico, es decir dinero que produce.
Pero ¿Qué ocurre cuando los resultados no pueden ser medidos en moneda contante y sonante?- Por ejemplo el precio de una vida salvada en una unidad de cuidados neonatales, donde lo que se gasta en dinero no se retribuye en metálico si no en vida. Y donde existen pocos servicios privados que lo ofrezcan pues no genera ganancias en metálico ni para sostenerse funcionando. Obviamente falla un marco referencial de la sociedad donde se preste el servicio, ya que en donde los servicios son sólo privados, existen las unidades, pero ¿son accesibles a toda la sociedad?.
O en educación, la formación en investigación y desarrollo tarda mucho en retornar ingresos a más, la inversión en vías de investigación que no terminan en algo rentable desde el punto de vista económico es muy alta antes de obtener un resultado económicamente rentable.
La educación privada tampoco garantiza autonomía, mírese el daño que facultades manipuladas por los intereses económicos como la prestigiosa Universidad de Harvard, ocasionó a la economía mundial promoviendo profesionales, con sesgos, en relación al liberalismo económico, afectando una generación que fue responsable en gran parte de la crisis especulativa mundial actual.
Ambos sistemas se basan en una suposición económica general, que el consumo es necesario para mantener activa la economía, se crea así una paradoja en un mundo con recursos finitos y una población que crece exponencialmente, y demanda mejoras en su calidad de vida.
La solución pasa por un sistema económico que incluya el bienestar en la ecuación de ganancias y pérdidas, en desarrollo sin productividad, y en economía azul. Vero tras entradas de éste blog con ésas palabras claves. 