Los héroes silenciosos, son esos que andan haciendo su trabajo sin ruido, gracias a ellos las cosas funcionan como una seda y no hacen falta héroes que solucionen las crisis pues gracias a su labor, no se presentan, o las abortan cuando es fácil. Sin que nadie se entere, a veces sin que ellos mismos se enteren.
Están en lo suyo haciendo lo que saben de la mejor manera posible y suelen pasar desapercibidos.
A menos que alguien los busque, están allí a nuestro alrededor en silencio, son ángeles que existen con los pies la tierra, sonrientes satisfechos de su trabajo bien hecho, por que aunque las cosas no siempre salen de la mejor manera, saben que ellos lo hicieron de lo mejor posible, sin preocuparse por controlar los resultados. Sabedores que un trabajo bien hecho a la final siempre acaba bien.
Dedicado a mi Compadre Aldo Olivieri que vino a visitarme junto con mi comadrita y emprendieron su regreso luego de contagiarme de su crónico optimismo.
La gente se acostumbra a todo, hasta a vivir con miedo. Y no es díficil dados los tiempos que corren, venimos de una sociedad que se esforzaba en dar seguridad, y de repente descubrimos que nada es seguro.
Una sensación de inestabilidad que desemboca en miedo, que nos mueve a buscar más control, en una realidad que no controlamos, con consecuencia de frustración y malestar, que se irradia a nuestro entorno.
Si eres reflexivo, evitas caer en un espiral de miedo, frustración, malestar, que puede tener consecuencias nefastas en tu entorno y en tu vida personal.
No es casual la escalada de agresividad que sentimos, en unas sociedades más que en otras, es el resultado de aquello que se llamó capitalismo desperzonalizador. Esto es que sólo importa el capital y lo demás ya vendrá después.
Si bien es cierto que la holgura económica es importante para lograr el bienestar, con más frecuencia de lo que quisieramos como le sucedía a el Sr. Scrooge de la historia de Dickens, se convierte en fuente de infelicidad.
Y es que ningún extremo es bueno, de allí que sea importante la moderación, tan preconizada por las filosofias orientales, o el aúreo término medio de Aristóteles, filosofías que nos hacen sentir bien aún en las situaciones difíciles que el estilo vida actual, genera.
Seguir el camino del medio, el problema está cuando el péndulo está muy ido hacia un extremo, entonces el medio quedará por sobre la frontera de la mesura y es un error frecuente. Siento que ahora, en ocasiones, el péndulo está tan ido hacia el lado oscuro, que cualquier camino que busque un intermedio entre dos argumentos, queda sobre el lado oscuro.
No se puede huir de los problemas, la vida nos enseña continuamente a enfrentarlos, luego de mucho andar, tal vez por que una coalición frontal, no funciona, se llega a la conclusión del sabio, que se han de enfrentar con excelencia, tal vez por que si la sociedad se decanta por un camino, nos arrastrará indefectiblemente a todos, estemos de acuerdo o no.
A muchas personas formadas en valores arquetípicos, les suele chocar la prevalencia de antivalores, cómo prosperan y se van adueñando de espacios, ante la indignación de algunos, la tolerancia de muchos y la indiferencia de demasiados. Son caminos errados trenes en los que en un momento dado se monta la sociedad y nos arrastran a todos en un camino autodestructivo, a pesar de muchos que gritan, se paran a reflexionar y dicen cosas que no quieren ser oídas en una orgía, eufórica de conductas erradas, que causan miserias, y malestar en su camino.
En lo que parecen ser ciclos históricos, terminan prevaleciendo éstos antivalores, que se convierten en culto a los pecados capitales, y que terminan con civilizaciones, cuando llevan a la mayoría a padecer lo indecible y es cuando ocurren los estallidos, violentos que generalmente cambian las cosas para seguir igual, citando a Lampedusa en su célebre obra El Gatopardo.
Luego de dar tumbos por la vida, te das cuenta de que la soberbia y la vanidad son malos aliados, sobre todo cuando dominan en la sociedad, en el fondo se utilizan como justificantes disfrazados de justicia, cuando en realidad, lo que terminan es beneficiando a unos pocos y perjudicando a la mayoría. Y acabando con los que los enfrentan.
El enfoque de enfrentar directamente la mediocridad (sin intención peyorativa, utilizo la acepción de mediocre: «de calidad media» según la RAE), funciona si la mayoría de la sociedad se rige por valores de excelencia, entonces un enfoque de enfrentamiento directo, podría funcionar pues conseguirá apoyo en todas las esferas y terminará aplastando el comportamiento mediocre. Sin embargo si la sociedad ha llegado al punto en que la mayoría ha perdido sus valores, entonces ya se ha montado en el tren de la autodestrucción, como civilización, que pasa por generar miserias y daños a muchos, hasta que éstos «Indignados», generan un cambio de paradigma, que no es más que un intento de restablecer los valores.
Si bien existen fuerzas situacionales y sistémicas que ya comentamos en éste blog en relación al «Efecto Lucifer» que si no se tienen en cuenta, terminan moldeando a los nuevos líderes, lo que explica la cita de Lampedusa…y vuelva a comenzar.
Tal vez uno de los marcadores de que éste cambio autodestructivo de una sociedad está ocurriendo, es cuando cuesta comunicar valores, o mejor dicho cuando tienen que enunciarse constantemente, para aclarar que existen, con el agravante de que cuando se habla de valores, con personas que no los profesan de la misma manera, es difícil lograr una comunicación real, más si la persona con antivalores, detenta el poder. Es como si se hablase en idiomas diferentes, lo triste es pensar que se tiene un diagnóstico, que se puede plantear un tratamiento, pero que la sociedad no le interesa tratarse, en una conducta de negación autodestructiva que terminará con ella. Y donde siempre terminan pagando los que menos responsabilidad tienen. Me parece oír un: «Que se ajusten, tu»
Dice uno de los principios éticos primarios, el de autonomía, que «no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado». Y es verdad y es una pena.
Siento que la salida puede ser para los que guarden algún tipo de principio, el convertirse en islas de cordura, desde las cuales con eficiencia, pueda construirse todo cuando el tren haya pasado, con humildad, generosidad, templanza, fraternidad, moderación y diligencia.
Si esto no resuelve el problema, al menos permitirá a unos cuantos vivir mejor.
Ojalá éstas sean elucubraciones de un tío cansado de andar por el mundo enfrentándose cíclicamente a los mismos discursos.
«…A veces me asusta el poder del arte y del estudio del arte. A veces no entiendo por qué la humanidad se relaciona a porrazos, habiendo como hay tantas cosas por hacer. A veces pienso que somos malvados antes que poetas y por eso no tenemos remedio… «
«…Quiero decirte que somos, todos nosotros, nosotros y nuestros afectos , una pputa casualidad. Y que los hechos se entrelazan con los actos y los sucesos; y las personas chocamos, nos encontramos o nos desconocemos y nos pasamos por alto también por pura casualidad. El azar lo es todo; o quizá nada es azaroso, si no que ya está dibujado. No sé con qué afirmaciòn quedarme por que ambas son ciertas…»
Adrià Ardèvol , en: «Yo confieso» de Jaume Cabré. Círculo de lectores SA. Barcelona 2011 ISBN 978-84-672-4601-8. Lectura recomendada.
Soberbia, que corroes, siepre presente, generando caos e infelicidad. Parece vano todo esfuerzo en erradicarte de los demás y parece sencillo erradicarla de uno mismo.
Cuando una sociedad la elige, se disemina como una enfermedad infecto contagiosa, por contacto directo, cegando y creando sociedades donde todos nos damos la espalda.
No importa nada, sólo nuestra comodidad, que sólo se ve afectada por la codicia, la gula o la lujuria.
En fin, se escoge el lado oscuro y los que tratan de enfrentar ése orden de cosas son tratados con violencia, de ésta forma el lado oscuro gana adeptos, con alianzas entre las personas, que van más allá de lo correcto y virtuoso.
Pasando las virtudes a un segundo plano, entonces te das cuenta de que en un determinado momento no tratas de hacer algo justo, si no que te enfrentas a un orden tergiversado, que ha asumido una sociedad como propio.
Luego, se van cerrando espacios y te sientes como una pieza de un rompecabezas (puzzle) que no encaja en ese paquete.
La inflexible lógica te dice que tienes dos opciones, o amputas una parte de tu personalidad para hacerla encajar, (la parte virtuosa tal vez), lo que puede ser el inicio de un camino autodestructivo, o cueste lo que cueste sales a buscar un paquete donde encajar.
La decisión no es fácil y sea la que sea tiene un precio, entonces se resume a una transacción comercial ¿Cuánto estás dispuesto a pagar?, cuidado que el camino más fácil suele ser el peor.
Es entonces cuando se plantea el conflicto entre lo que es «mejor» y lo que es «peor», conflicto que requiere de una filosofía personal para ser aclarados, y lograr la ansiada paz.
Los que deciden buscar su propio paquete, deben tener presente que rompen contacto con su paquete inicial, y que algunas piezas del puzle que dejan les guardarán rencor. (Recordemos que pertenecen al lado oscuro), rencor que se cobrará cuando se pueda, un precio que ha de entrar en la cuenta de lo que se está dispuesto a pagar.