Violencia obstétrica.

El ejercicio profesional de la obstetricia en España, con frecuencia se encuentra rodeado de toxicidad. Sobre todo en los últimos años.

La sociedad como un todo, parece encontrarse descontenta, suele suceder cuando se crean espectativas, que no se cumplen.

El embarazo y el parto constituyen un proceso fisiológico, que generalmente acabará bien, independientemente de lo que hagamos los profesionales, que nos encargamos de la atención de embarazadas.

Por cientos de miles de años ha sido así, se trata de un proceso que está escrito en nuestro código genético y cuyo manual de instrucciones ya se encuentra en nuestro instinto, la mayoría de las veces lo que hay que hacer es dejarlo fluir, permitir que el programa con el que venimos diseñados fluya, y la mayoría de las veces todo irá bien.

Si embargo el embarazo se trata de una situación con riesgos potenciales para la salud de la madre y del futuro bebé, como ocurre con todas las actividades de nuestra vida, que son importantes.

Es cierto que hay cosas pueden ir mal, afortunamente, para éso estamos los profesionales, muchas cosas se pueden diagnosticar, algunas más se pueden tratar, la mayoría de las alteraciones del desarrollo del embarazo que son graves y que pueden poner en peligro a la madre o al recién nacido se pueden diagnosticar, prevenir y tratar. Aún así, algunas veces pese a hacer todo científicamente posible y realizando todos los procedimientos adecuados, es posible que el resultado final no sea el esperado.

Aún más, existen alteraciones sutiles que no pueden ser diagnosticadas hasta después del nacimiento, estas suelen constituir menos del 3 % de los problemas que se pueden presentar. Hasta un 20 % de los embarazos y partos, un poco más o menos, dependiendo de factores de riesgo, puede requerir de la intervención de un profesional para corregir alguna alteración del proceso de embarazo y/o parto.

Hemos progresado mucho en diagnóstico y tratamiento, pero hoy por hoy no existe una prueba prenatal, cuyo resultado, de ser normal nos garantice que todo estará bien, el diagnóstico de bienestar materno y fetal se basa en la evaluación de múltiples parámetros que evaluan alteraciones específicas, y que varían durante la evolución tanto del embarazo como del proceso de parto. Por tanto el hecho de que los resultados de las pruebas sean normales, no garantizan que el resultado final sea normal, «El todo es mucho más que la suma de las partes». Y justifica la explicación que solemos dar, cuando nos preguntan si todo va bien, «De momento, todo está bien».

Si la situación ya no fuese suficientemente compleja, las bajas tasas de morbilidad materna y fetal, logradas gracias a los avances en diagnóstico y terapéutica, han creado movimientos en la sociedad, que ponen en duda, la utilidad de éstos avances, o la necesidad de hacer procedimientos, que llevaron en un principio a reducir la mortalidad y morbilidad materna y fetal. Aunado a las crisis sanitarias que tratan de establecer parámetros creativos, para ahorrar recursos cada vez más escasos, como promover los partos sin anestesia, o en casa, o sin supervisión médica.

Se trata de un péndulo histórico donde incluso algunos plantean, la posibilidad de que muchos de los procedimientos o actos médicos que se hacen, durante el embarazo o parto, tengan un origen en un acto de violencia médica, cuestionando la ética de los profesionales que nos dedicamos a esto. Incluso políticos buscando notoriedad promueven leyes que homologan la violencia obstétrica con la violencia de género.

La aceptación por parte de algunos profesionales a ésta deriva, la creación de espectativas inadecuadas dentro de la sociedad, tratándose el embarazo el parto y la lactancia de experiencias intensas, la frustración por un resultado no esperado o por la presencia de una secuela de un parto traumático, puede dar pié a que se busque un culpable.

No conozco ninguna persona, que no desee un embarazo sin complicaciones, con parto vaginal sin complicaciones, ni suturas, ni hemorragias, ni atonias uterinas, ni dolor, con un recién nacido sano y vigoroso, y una recuperación post parto sin problemas. Con contención de esfinteres por parte de la madre luego del parto y una lactancia materna exclusiva, adecuada sin grietas en el pezón y sin mastitis. Y con un bebé que duerma toda la noche.

Muchas veces ocurrirá así, pero cuando no ocurra, no se puede culpar al mensajero, que la mayoría de las veces estará haciendo lo posible dentro de los conocimientos actuales, para garantizar el mejor resultado posible tanto para la madre como para el recién nacido.


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