Comparto unas palabras, de Jesús Zurita en estos momentos aciagos. Dada la realidad actual de nuestra Venezuela:
“Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos».
La frase le corresponde, o al menos eso se dice, a Albert Einstein, y que acertada u oportuna resulta ahora para los venezolanos, los de adentro y los de afuera, porque eso somos ahora, venezolanos de todas partes.
En estos trágicos días, que venían precedidos de otro aluvión de tragedias que se daban en secuencia, nos sacudió una más, que literalmente nos derrumba. De las anteriores habían surgido los que creíamos nuestros peores rasgos, al menos comprobados en la dirigencia política y su grupo cercano, en su mayoría uniformados, pero de esta, surge ahora nuestra esencia mas genuina, una solidaridad a prueba de crisis.
También decía Berlot Brencht que: “El hombre se descubre cuando se enfrenta con sus obstáculo». Las crisis o te rompen o te curten, y esta última nos rompió y nos curte. En su esencia, el venezolano, ha demostrado una solidaridad inmensa, un rasgo visible hasta en esos “venezolanos feos”, que son, por ejemplo, los motorizados, a quienes odiábamos por su anarquía, y que ahora admíranos por su entrega, en ellos surgió una garra y un temple que en medio del desastre se organizó y resolvió, desafiando todos los obstáculos.
El curtido pellejo del venezolano ha resultado ser un cuero duro, una piel que ya no es propia, que se extiende como una malla genética, y que nos abarca a todos como país, se resuelve con el pellejo, con las manos, con lo que sea, pero esa piel y esas manos también somos todos.
De esta crisis saldremos fortalecidos, una vez más, porque el venezolano ha demostrado que la única institución en la que cree, confía, que respeta, y que resuelve, es la solidaridad y la unión de todos. Dónde ha faltado el estado ha sobrado pueblo, para un estado lento, torpe, cínico, tramposo, oportunista y bandido, ha surgido en su esencia un pueblo eficiente, lleno de nobleza, resiliencia, y que no pierde nunca su buen humor, hemos demostrado que en este país, los buenos definitivamente somos más.
Hizo falta un sacudón, en sus entrañas, para que surgiera lo que verdaderamente somos. El paso siguiente será usar esa fuerza y esa virtud para recomponernos y reconstruirnos como nación, hacer que el estado sirva a los intereses del pueblo, y no que el pueblo obedezca y se subordine a los deseos crueles de una ideología, o un estado trágicamente fallido.
Se han caído los edificios, pero también se han caído las máscaras de la ilegítima dirigencia política, en medio de la crisis, ha surgido el verdadero y definitivo rostro de una nación, ese que vimos en la sonrisa de la joven Fabiana al ser rescatada, en la voz de la abuelita que luego de salir de los escombros pide una Coca-Cola fría, en el hombre que abraza a sus rescatistas y agradece con lágrimas, en la madre que sobrevivió con fe, y orando durante días, para ser rescatada, alimentando a sus hijos a punta de teta, en la de los familiares que habían perdido todo, y que, aún así, atienden a los rescatistas, a quienes ofrecían agua, café o comida, mientras ellos arriesgaban su vida sacando de los escombros a sus sobrevivientes o a sus muertos. En el rostro de los voluntarios rescatistas, que escarban buscando “gente”, y que al hallarlas les dan aliento, les halagan, le dicen lo bien que se le ven las uñas pintadas a una mujer cubierta de polvo y escombros, la incansable lucha del hombre que contra reloj retira escombros y escucha a la insoportable Adriana con sus reclamos, la de los niños que rodeados por el caos juegan pelota con alegría, o comparten juguetes. Son tantos los rostros “buenos” de una “mala” tragedia, que es imposible no creer y no confiar en esta gente y en este país único. Un día, y ojalá no muy lejano, este suelo lleno de riquezas devolverá a su gente todo lo bueno que merecen, todos, un día tendremos dirigentes políticos honestos, nobles, dispuestos a servir, comprometidos en el servicio público. Un día volveremos a tener escuelas, universidades, hospitales, policías y militares que sirvan con dignidad.
Solo resta decir: que Dios proteja y cubra con su manto a esta Venezuela tan necesitada del concurso, el esfuerzo, y la voluntad de sus mejores hijos.”
Escrito por Jesús Zurita Peralta.


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