La falta de actividad física es dañina para la salud, esto está establecido científicamente, las personas sanas deben hacer un mínimo de 30 minutos de ejercicio, al menos 3 veces por semanas. Para disminuir el riesgo cardiovascular y mantener una buena salud en general.
Los médicos solemos recomendar reposo en la enfermedad, con el fin de que el cuerpo, se pueda restablecer de sus lesiones, el dolor es un mecanismo de defensa, que nos orienta sobre lo que deberíamos hacer y dejar de hacer mientras sanamos.
Existe una tendencia en medicina en general en promover la movilidad, aún en pacientes enfermos, para disminuir la duración del estado de enfermedad, los pediatras, lo saben, cuando informan a los padres preocupados por que el niño no guarda reposo, orientándoles que los niños en su sabiduría instintiva, guardan el reposo que necesitan.
Igualmente en las embarazadas con alguna condición mórbida asociada, se suele indicar reposo, trabajos recientes establecen que las embarazadas que guardan reposo absoluto, en cama, en ocasiones tienen peor evolución que las que mantienen algo de actividad.
Durante el reposo absoluto, la sangre venosa se retiene en las piernas, aumentando el riesgo de desarrollar trombos, los músculos pueden atrofiarse hasta en un 2 % por cada día de reposo absoluto, la capacidad de bombeo del corazón disminuye, la capacidad respiratoria se deteriora, los huesos se descalcifican y un largo etcétera de efectos sobre las funciones del cuerpo.
Todo enfermo cuya condición no lo impida, debería caminar al menos. 20 minutos cada día o realizar alguna actividad física, al aire libre, mejor que al interior, en movimiento mejor que de pié, de pié mejor que sentado y sentado mejor que acostado.
La movilización precoz de los operados es importante, moviliza la sangre, desinflama los tejidos y disminuye el riesgo de desarrollo de coágulos.
En resumen el reposo como herramienta de tratamiento de enfermedades, cada vez se limita más a casos específicos y determinados, la tendencia en general es a promover algún grado de movilidad, de acuerdo a las limitaciones de la enfermedad y a las condiciones de cada paciente en particular.
El presente post, no sustituye el buen consejo de un profesional sanitario de su confianza.
Fuente: Marcos Dominguez, El Español







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