Ser empresario no es fácil, menos en países donde la presión fiscal es tan alta como en España, algunos se abren camino con el ingenio, otros con un golpe de suerte, otros con esfuerzo tenaz, al final muchos alcanzan el éxito profesional, a base de excelencia y de sacrificios, como suele ocurrir en las economías de libre mercado.
La palabra clave es libre mercado, lamentablemente en nuestro país, existen oligopolios y monopolios, cada vez más fuertes que se encargan de poner reglas sobre la economía, basándose en parámetros de beneficios empresariales lo cual no es nada criticable y es de esperar.
El problema de los monopolios en las economías, llámense de empresarios, del estado, o de grupos económicos, es que caen en la tentación de regular los precios, los sueldos y los salarios, tomando en cuenta intereses diferentes de los del libre mercado, como es el beneficio de un grupo, económico, político o social determinado.
Es una fuerza de supervivencia, instintiva y que tiende a crear una especie de miopía mental, esto es no ver las consecuencias de los actos más allá del beneficio inmediato que está en una corta visión de la economía en el tiempo y en el espacio.
En una España heredera del franquismo, donde los empresarios muchos lo eran por afinidad con el estado, y donde se invirtió en hostelería, donde los salarios son bajos y temporales, generando empleos de mala calidad, con pocas perspectivas de crecimiento personal o intelectual de trabajadores, los empresarios transportan éste modelo, con el que están familiarizados a otras áreas de los servicios, mucho más complejas donde tal vez no funcione tan bien, ya que se requiere de profesionales más cualificados, cuya formación es costosa.
Enfrente se encuentra un modelo empresarial expansivo, donde mejores salarios, permiten más consumo, mayor consumo permite crecimiento económico, actualización de equipos, uso de tecnología punta y mayor crecimiento económico mayor oferta de servicios y es un círculo de empoderamiento social, cultural y económico que se auto alimenta.
El modelo empresarial que paga salarios de subsistencia para tener más ganancias, en realidad, limita la economía, bloquea la expansión económica, generando economías precarias, y a su vez limitando el consumo del servicio que se vende. Es esto lo que denominamos miopía mental. En el modelo hotelero funciona, pues el consumidor del servicio, viene del exterior, en el resto de servicios este modelo es auto limitante ya que restringe el consumo de la población general, a lo básico para subsistir.
Es así como la medicina privada se encuentra en un punto de inflexión, los baremos no se han actualizado en 30 años, las infraestructuras de servicios, de equipos médicos y de diagnóstico, no se pueden renovar, ya que no hay manera de recuperar lo invertido, con pagos de consultas que apenan cubren los gastos y pagos por procedimientos complejos que requieren de experiencia y entrenamientos costosos, muy por debajo de la tasa de retorno del tiempo y dinero invertido en formación.
Es así como los monopolios, en salud están matando a la gallina de los huevos de oro por querer extraer ganancias cada vez mayores a expensas reducir pagos a los profesionales que prestan los servicios.
De allí que por ejemplo, los profesionales jóvenes, no se sientan atraídos por el ejercicio profesional en el país, la responsabilidad es muy alta y sus habilidades conseguidas con tanto esfuerzo personal y económico, no son reconocidas en un pago justo de sueldos en la pública y de honorarios en la privada, donde además hay dificultad para actualizar los equipos dado lo mal que pagan las aseguradoras.
El profesional sanitario en general es un potente dinamizador de la economía, utiliza proveedores, genera empleos, moviliza la industria, aparte del valor agregado que otorga a una sociedad un sistema sanitario eficiente y de calidad.
Todavía hay gente que se pregunta por qué los profesionales jóvenes se van del país y agentes del gobierno se plantean medidas coercitivas como aumentar el MIR a 8 años, o prohibir la salida del país a profesionales jóvenes hasta después de un tiempo de graduados, sin atacar el problema de fondo, que es el mal reconocimiento al profesional, tanto a nivel público como privado.
Por eso me enfadaba con los aplausos de la pandemia, los profesionales sanitarios, no necesitamos aplausos por un trabajo bien hecho, ése es nuestro deber, lo que necesitamos es que se nos considere de acuerdo a las habilidades y experiencia, que tantos trasnochos y esfuerzos, nos han costado lograr.







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