Ante una situación desagradable normalmente la juzgamos, la presencia de juicios, automáticamente establece culpables, lo que a su vez nos libera al asignar la causa a otra persona o a situaciones externas.
Con frecuencia estos juicios suelen ser superficiales, y las conclusiones que generan lo son igualmente, entonces cumplen una función de estabilidad psicológica, pero suelen ser una forma de negación de la realidad.
Hace tiempo he aprendido a no juzgar, es mejor actuar, pero esto exige un grado de sinceridad personal, y darse cuenta de que muchas de las cosas que padecemos a diario, que juzgamos tienen origen en nosotros mismos, y que cuando no es así, entonces la causa es tan compleja que no tendremos elementos suficientes para juzgarla, por lo que es mejor no hacerlo.
La respuesta es tratar de hacer siempre y en cada circunstancia lo que creamos mejor, a nuestro máximo esfuerzo y dejar que el resto de situaciones se resuelvan según su evolución propia, en el peor de los casos si no damos con una solución habremos hecho nuestro mejor esfuerzo, y desgraciadamente con mas frecuencia de lo que se quisiera, esta es nuestra única satisfacción inmediata, a largo plazo tal vez esta sea la solución a muchas situaciones que no se resuelven de manera inmediata.
La invitación es a actuar y a evitar juzgar…







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