La reciente actualización de la Comisión Lancet en 2024 ha introducido nuevos descubrimientos significativos en relación con los factores de riesgo modificables para la demencia, añadiendo dos nuevos elementos: la pérdida de visión y el colesterol elevado. Estos se suman a los doce factores previamente identificados: menor nivel educativo, lesiones en la cabeza, inactividad física, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, hipertensión, obesidad, diabetes, pérdida auditiva, depresión, contacto social infrecuente y la contaminación del aire.
Modificar estos catorce factores tiene el potencial de prevenir o retrasar casi la mitad de los casos de demencia. La prevención eficiente requiere no solo cambios individuales sino políticas a nivel nacional e internacional, enfatizando la equidad para incluir grupos de alto riesgo. Las acciones preventivas deben comenzar temprano y continuar a lo largo de la vida, con intervenciones multicomponentes dirigidas a diversos factores de riesgo.
Entre las acciones específicas recomendadas para reducir el riesgo de demencia se incluyen: asegurar el acceso a una educación de calidad y fomentar actividades cognitivas estimulantes, mejorar el acceso a audífonos y reducir la exposición al ruido dañino, tratar efectivamente la depresión, promover el uso de cascos para protección en deportes de contacto y en bicicletas, fomentar el ejercicio físico, y adoptar medidas para reducir el tabaquismo a través de la educación y control de precios. Asimismo, es crucial detectar y tratar el colesterol LDL elevado desde la mediana edad, mantener un peso saludable y abordar la obesidad tempranamente, reducir el consumo excesivo de alcohol, crear entornos comunitarios amigables para personas mayores, y facilitar el acceso a tratamientos para la pérdida de visión.
Para quienes ya padecen demencia, las intervenciones post-diagnóstico son esenciales para asegurar un buen nivel de vida, incluyendo el planeamiento futuro y el manejo personalizado de los síntomas neuropsiquiátricos. Aunque las intervenciones de actividad no han mostrado beneficios para estos síntomas, fármacos como los inhibidores de la colinesterasa y la memantina han demostrado atenuar modestamente el deterioro cognitivo en personas con Alzheimer y demencia de cuerpos de Lewy en ciertos contextos.
Finalmente, con el progreso en tratamientos modificadores de la enfermedad, como los anticuerpos dirigidos al amiloide-β, persiste la expectativa, aunque los efectos son modestos y limitados por efectos secundarios y costos. Se recomienda usar biomarcadores de líquido cefalorraquídeo o sangre solo para confirmar diagnósticos en poblaciones específicas, teniendo en cuenta las limitaciones de generalización. La experiencia de la pandemia de COVID-19 resaltó la vulnerabilidad de las personas con demencia, enfatizando la necesidad de proteger su bienestar y valorar su cuidado tanto como el de otras poblaciones.
Las presentes recomendaciones, no sustituyen el buen consejo de un profesional sanitario de su confianza.
Fuente: The Lancet







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