Se dice que en España, hasta seis de cada 10 embarazadas podrían consumir alcohol durante el embarazo.
No existe una forma segura de ingerir alcohol estando embarazada, el alcohol atraviesa rápidamente la placenta, alcanzando concentraciones incluso más altas en el feto que en la madre, lo que se relaciona con alteraciones del crecimiento y desarrollo fetal y con malformaciones.
El diagnóstico de las alteraciones relacionadas con el consumo de alcohol durante el embarazo no es fácil, pueden ser de leves a graves y tener consecuencias que afectarían toda la vida del futuro recién nacido. Con repercusiones a nivel físico, del comportamiento e intelectuales.
Se pueden presentar: Anomalías craneo faciales, retraso del crecimiento, alteraciones del sistema nervioso central, trastornos cognitivos, trastornos del sueño, déficits del lenguaje, trastornos de atención, dificultades de aprendizaje, en la socialización o de conducta; además de problemas cardíacos, alteraciones óseas y articulares entre otros.
La forma más severa del espectro, lo constituye el síndrome alcohólico fetal (SAF), las personas afectadas tienen características faciales determinadas: Hendiduras de los párpados pequeñas, filtrum nasal liso, y labio superior fino; además suelen presentar retraso del crecimiento, anomalías del sistema nervioso central, deficiencias neuropsicológicos, ya descritas.
Se trata de alteraciones totalmente prevenibles, evitando el consumo de alcohol durante el embarazo. Se recomienda evitar el alcohol desde el momento en que se planifica el embarazo.
La prevalencia del trastorno del espectro alcohólico fetal, puede estar en alrededor del 4 a 7 % de los recién nacidos en países europeos; puede ser más alta en Europa del Este.
Fuente: UNIVADIS







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