La anticoncepción hormonal ha mejorado gracias a un mayor entendimiento de las hormonas, nuevos productos y una mayor seguridad.
Actualmente no se puede afirmar «las anticonceptivas no me van bien», ya que hay tal variedad de productos, que más bien se debe decir «ésta anticonceptiva no me va bien».
La expresión «no me quiero hormonar» puede no ser del todo precisa. Esto se debe a que los niveles de hormonas en muchos anticonceptivos actuales son más bajos que los niveles hormonales que ocurren de forma natural en el cuerpo.
La regla no es un signo de limpieza o suciedad en las mujeres. Es un proceso natural en el que el útero se prepara para recibir un óvulo fecundado. Si esto no sucede, el útero sangra para prepararse para un nuevo ciclo. Es normal que las mujeres no sangren cuando están embarazadas o durante la lactancia, ya que el cuerpo está en reposo. Nuestras abuelas tenían menos menstruaciones porque pasaban más tiempo embarazadas o amamantando a lo largo de su vida reproductiva.
Las pastillas anticonceptivas modernas utilizan dosis hormonales bajas para reducir los sangrados o incluso eliminarlos por completo. Estas pastillas contienen compuestos bioequivalentes con diferentes acciones, lo que significa que hay opciones adecuadas para cada paciente según su perfil médico y riesgos. En cualquier caso, los riesgos de tomar anticonceptivos son siempre menores que los posibles efectos de un embarazo no deseado.
Para minimizar esos riesgos, es recomendable, evaluación profesional, que incluya una historia clínica completa, personas jóvenes y sin factores de riesgo, no es necesaria la realización de un examen ginecológico o de una analítica previa a la prescripción de las anticonceptivas, fuera de la recomendaciones de cribado de acuerdo a la edad y factores de riesgo detectados al interrogatorio.
Un profesional sanitario de confianza puede establecer las recomendaciones respectivas de acuerdo a cada caso en particular.







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