Hasta el primer año de vida, la mejor forma de nutrición de los infantes, es la lactancia materna.
Dada las complicaciones de la vida moderna, muchas mujeres optan por la lactancia artificial a partir de los 6 meses, la mayoría de los suplementos no son comparables a lactancia materna, pero promueven, un crecimiento y desarrollo y balance nutricional más adecuado que la leche de vaca.
Las llamadas leches maternizadas, se basan en la eliminación de grasas animales y la sustitución por aceites vegetales y la adición de vitaminas y minerales, como el hierro para disminuir el riesgo de su deficiencia. Se añaden algunos ácidos grasos en un esfuerzo de mejorar el desarrollo cognitivo y visual.
Para hacerla más semejantes a la leche materna, se van añadiendo nuevos ingredientes, pero la leche materna es un fluido complejo, cuya composición varia entre individuos y en el tiempo; por lo que, igualarla es una tarea complicada.
Así mismo para demostrar que una fórmula es mejor que la anterior o se asemeja a la lactancia materna habría que disponer de grupos de estudio con infantes expuestos a fórmulas nuevas, fórmulas antiguas y lactancia materna. Lo cual no siempre es ético de realizar.
Además, no es sólo cuestión de añadir nuevos nutrientes, la interacción es más compleja, pues la leche materna contiene enzimas que ayudan a la absorción de éstos nutrientes, no presentes en los productos artificiales.
Existe además beneficios en el desarrollo asociados a la lactancia materna más allá de los nutricionales, que dependen de la interacción con la madre, lo que dificulta establecer qué cambios del crecimiento y desarrollo, se deben a factores nutricionales y qué cambios se deberían a interacciones psicológicas relacionadas a la lactancia materna.
Los infantes alimentados con lactancia materna, crecen de manera diferente y podrían tener menos riesgo de padecer obesidad posteriormente en su vida. Al parecer un infante alimentado con leche materna consume 10 kilocalorías por Kilogramo de peso, menos que un infante alimentado con fórmula.
La leche materna a su vez tiene deficiencias de hierro, se dice que hasta un tercio de los infantes alimentados con el pecho tiene deficiencia de hierro y más de un 60 por ciento de los infantes con anemia lo siguen estando al año de vida.
La vitamina D, también falta en la leche materna y los infantes nacidos de madres con deficiencia de vitamina D, tienen riesgo de padecer raquitismo, la mayoría de las academias de pediatría recomiendan suplementar vitamina D a los recién nacidos que reciben lactancia materna.
La lactancia materna además expone al infante a toxinas ambientales, que haya absorbido la madre, lo cual no es despreciable en el mundo contaminado en que vivimos.
En resumen, nada nuevo bajo el sol, la mejor alimentación de los infantes hasta el primer año de vida lo constituye la lactancia materna, cuando no se puede dar, existen opciones aceptablemente buenas, la obtención de un producto lácteo similar a la leche materna se enfrenta a múltiples retos, clínicos y éticos.
FUENTE: Contemporary OB/GYN
Imagen de libre distribución tomada de Pixabay







Deja un comentario