Archivo de la etiqueta: Andrés Eloy Blanco

Coloquio bajo la palma (Andrés Eloy Blanco)

saltoLo que hay que ser es mejor
y no decir que se es bueno
ni que se es malo,
lo que hay que hacer es amar
lo libre en el ser humano,
lo que hay que hacer es saber,
alumbrarse ojos y manos
y corazón y cabeza
y después, ir alumbrando.

Lo que hay que hacer es dar más
sin decir lo que se ha dado,
lo que hay que dar es un modo
de no tener demasiado
y un modo de que otros tengan
su modo de tener algo,
trabajo es lo que hay que dar
y su valor al trabajo
y al que trabaja en la fábrica
y al que trabaja en el campo,
y al que trabaja en la mina
y al que trabaja en el barco,

lo que hay que dar es todo,
luz y sangre, voz y manos,
y la paz y la alegría
que han de tener aquí abajo,
que para las de allá arriba,
no hay que apurarse tanto,
si ha de ser disposición
de Dios para el hombre honrado
darle tierra al darlo a luz,
darle luz al enterrarlo.

Por eso quiero, hijo mío,
que te des a tus hermanos,
que para su bien pelees
y nunca te estés aislado;
bruto y amado del mundo
te prefiero a solo y sabio.

A Dios, que me dé tormentos,
a Dios que me dé quebrantos,
pero que no me dé un hijo
de corazón solitario.

PALABREO DE LA LOCA LUZ CARABALLO (Andrés Eloy Blanco)

Los deditos de tus manos,
los deditos de tus pies;
uno, dos, tres, cuatro, cinco
seis, siete, ocho, nueve, diez.
(Anónimo)

De Chachopo a Apartadero
caminas, Luz Caraballo,
con violeticas de mayo,
con carneritos de enero;
inviernos del ventisquero,
farallón de los veranos,
con fríos cordilleranos,
con riscos y ajetreos,
se te van poniendo feos
los deditos de tus manos.

La cumbre te circunscribe
al sólo aliento del nombre,
lo que te queda del hombre
que quién sabe dónde vive:
cinco años que no te escribe,
diez años que no lo ves,
y entre golpes y traspiés,
persiguiendo tus ovejos,
se te van poniendo viejos
los deditos de tus pies.

El hambre lleva en sus cachos
algodón de tus corderos,
tu ilusión cuenta sombreros
mientras tú cuentas muchachos;
una hembra y cuatro machos,
subida, bajada y brinco,
y cuando pide tu ahínco
frailejón para olvidarte
la angustia se te reparte:
uno, dos, tres, cuatro, cinco.

Tu hija está en un serrallo,
dos hijos se te murieron,
los otros dos se te fueron
detrás de un hombre a caballo.
“La Loca Luz Caraballo”
dice el decreto del Juez,
porque te encontró una vez,
sin hijos y sin carneros,
contandito los luceros:
…seis, siete, ocho, nueve, diez…

Coplas del amor viajero (Andrés Eloy Blanco)

FELIÇ SANT JORDI A TOTHOM
FELIÇ SANT JORDI A TOTHOM

Ya pasaste por mi casa,
a flor de ti la sonrisa…
Fuiste un ensueño de gasa;
fuiste una gasa en la brisa…

Te vi flotar en la bruma
de tu blancura aureola,
como un boceto de espuma
sobre un pedestal de ola.

Yo, que he buscado el lucero
que a Belén lleva el camino,
preso por lazos de acero
al potro de mi destino,

Pensé: —En sus brazos, con Ella,
¡romperé, acero, tus lazos!
¿Para qué quiere una estrella
quien tiene al cielo en los brazos?

Y tan cerca llegué a verte
que te rozaba mi dedo…
Tuve miedo de quererte…
y ya es querer, tener miedo.

Ansiosos se han emboscado
en mis ojos, mis antojos,
y tú también me has besado
veinte veces con los ojos.

Y tu mano pasionaria,
aquella noche huyó en vano,
porque mi mano corsaria
fue gavilán de tu mano.

Y he sentido que temblaban
tus labios en el café,
cuando mis pies se angustiaban
acorralando tu pie…

Pero te vas, sin dejar
ni una huella en el camino…
Sombra azul que cruza el mar
la borra el azul marino…

No sé si me olvidarás
ni si es amor este miedo;
yo solo sé que te vas,
yo solo sé que me quedo.

Tal vez mañana, un mañana
remoto, traiga a tu lado,
con el sol, por tu ventana,
un rayo azul del pasado.

Releyendo viejas cosas
y evocando cosas idas,
entre amarillentas rosas
y epístolas desvaídas,

Encontrarás al acaso
entre coplas del camino,
como en el fondo de un vaso
roto una mancha de vino.

Al oído de la nieta
tu voz de abuela hablará:
–Son los versos de un poeta
que no sé si existe ya…

Ella dirá: –¿Cómo era?
¿Cruzará ignotos países
y cual tú, sombra viajera,
tendrá los cabellos grises?

Yo, entre tanto, junto al mar,
esperaré tu venida
y en un eterno esperar
se me pasará la vida.

Vida traidora, por quien
todo este Sueño se muere,
si no te hice ningún bien,
¿por qué tu mano me hiere?

Mi voz querrá ensordecer
al propio mar con su llanto:
¿Por qué no la vuelvo a ver,
mi Dios, si la quiero tanto?

Y mi canción irá sola
hacia donde tú te pierdes…
donde ella pase, la ola
tendrá un dolor de aguas verdes…

No sé si me olvidarás
ni si es amor este miedo;
yo solo sé que te vas,
yo solo sé que me quedo.

Y que si te quise ayer,
hoy te siento más tirana
y si así crece el querer
¡cómo te querré mañana!

Un sueño…

Sueño

Erase una vez un sueño…
concepto bello y etéreo,
sutil, libre y bello…

Le siento ¡Como le siento!
y el silencio dice mas que lo que digo.
Miradas de palabras imposibles en el tiempo…
tiempo de futuro improbable sin sentido…

El Romanticismo es soñador
y su destino… es la renuncia.
No sin antes modificar su alrededor…
Al renunciar , se muere, se vive, se angustia…

El futuro, impredecible ¿desolado?…
La esperanza, latente ¿apagada?…

La Alegría es suficiente…
y la sensación de que La Felicidad es permanente…
Pues sin ella, no somos ni estamos…
y con ella forjamos…
Forjamos un mejor frente.

Y…¿ esta angustia de ceder?
“La renuncia es el viaje de regreso del sueño”…
Dijo Andrés Eloy
De sueños maravillosos e imposibles de creer…

Gracias por permitirme soñar…
Gracias por tu presencia…
tal vez crecemos al renunciar.
Tal vez soñando mostramos nuestra esencia.

Pero… ¿no es cierto que la felicidad es un sueño?
Sueño evanescente que se enfrenta a la realidad…

Entonces:
¿Por que soñar, si lo sufrimos?
Por que es en sueños donde el futuro construimos…

O es allí, donde vivimos La Alegría
La Alegría efímera del sueño de la vida…

La renuncia (Andrés Eloy Blanco)

Renuncia

He renunciado a ti. No era posible
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.

Yo me quedé mirando cómo el río se iba
poniendo encinta de la estrella…
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba…

He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;

Como el que ve partir grandes navíos
como rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos brios
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;

Como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.

He renunciado a ti, como renuncia el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos estáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales en los escaparates de las confiterías…

He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, !cuantas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!

Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño…

Andrés Eloy Blanco