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Tiempo…

Inexorable…

Segundos eternos…

Nos moldean…

Nos enseñan,

en un proceso evolutivo,

que nos hace mejorables.

Vivir es cambiar,

la vida es inestable…

no hacerlo es congelarse….

ante un cambio imparable.

A veces nos congelamos

en la monotonía

y es cuando un buen día,

comenzamos a no vivir,

nos trasladamos entonces a los comienzos.

A la oscuridad que nos permite

ver la luz y luego reir.

En un ciclo de no parar,

hasta lograr evolucionar.

Somos seres de luz,

polvo de estrellas,

mundos completos,

ecosistemas,

mucho más de lo vemos

mucho más de lo que sentimos.

En cada uno de nosotros está

nuestro destino.

Y viviremos ciclos hasta

que la encontremos… 

La respuesta….

Exprimir  cada segundo.

ver la bondad en su yang.

no los malgastemos en sentirnos mal.

intentar amar.

en años de ejercicio,

es lo que detecto…

“Amar es nuestro diseño por defecto”.

Amar es:

Agradecer,  no juzgar,

llenarse de humildad,

alejarse del vicio y de la mezquindad.

la avaricia, la soberbia, la ira, la gula,

la envidia vil, la pereza hostil.

observarlas, conocerlas

y hacerlas ausentes…

Decir “Te quiero”

(nunca se dice  de manera suficiente)

estar pendiente, 

cultivar, crear,

velar por los demás.

Reir, soñar…

Esta actitud,

puede ser, 

ricos no nos hará,

pero seguro  dará felicidad,

a nosotros y a los demás.

Y la riqueza ¿De qué servira?

Si sólo de paso estamos acá.

Y es imposible saber lo que vendrá.

Se acercan cambios de paradigmas,

y ni siquiera nos los podemos imaginar.

Cambios,  éso es la vida.

y también si lo miramos, la felicidad,

que es un camino,

no un final y es en realidad

lo que vinimos a buscar…

Escurridiza felicidad…

Cómo nos cuesta entender

que  dentro de nosotros está…

Es lo que mi alma agradecida siente…

Al pasar el tiempo…

Al cumplir cincuenta y siete.